sábado, 3 de octubre de 2026

El neoludismo en el mundo contemporáneo


A pesar de la inevitable  eclosión tecnológica, el neoludismo —esa corriente filosófica que considera a la tecnología responsable de la tragedia humana— no ha muerto. Todo lo contrario: pareciera posicionarse, no desde sus posturas más radicales, sino en tendencias moderadas
promueven medidas de protección mínima para salvar al hombre de su destrucción definitiva.

Una de las razones por las que esta tendencia del anarquismo tecnológico está otra vez en la palestra se debe, de manera indirecta, a quienes tal vez inadvertidamente la promueven. Tal es el caso de la serie de Netflix o la película sobre Unabomber, que narra la vida de Ted Kaczynski. Este, a pesar de haber sido un perverso terrorista, genera algunas simpatías por las ideas que presenta en su manifiesto sobre la sociedad tecnológica.

Dice el primer párrafo de dicho manifiesto:

«La Revolución Industrial y sus consecuencias han sido un desastre para la raza humana. Han aumentado enormemente la esperanza de vida de aquellos de nosotros que vivimos en países "avanzados", pero han desestabilizado la sociedad, han hecho que la vida sea insatisfactoria, han sometido a los seres humanos a indignidades, han conducido al sufrimiento psicológico generalizado (en el Tercer Mundo también al sufrimiento físico) y han infligido severos daños en el mundo natural. El continuo desarrollo de la tecnología empeorará la situación.»

En efecto, concluye Ted que el ser humano no está preparado para vivir en una sociedad industrial donde predomina la tecnología, al extremo de que lo obliga a depender exclusivamente de las organizaciones que imponen sus sistemas.


El ludismo, inclusive en sus posturas radicales, parece ser un producto natural de las sociedades industrializadas. Aquí en Guayana podemos citar varios casos de quienes se cansaron de vivir en la sociedad y se fueron desconectados al monte. Como ejemplo, puedo citar algunas notas que escribí en estos espacios sobre "El ermitaño de Toro Muerto", el "Excluido" o el "Loco" del Cachamay". Lo que llama la atención de estas personas es su nivel cultural: son profesionales o personas leídas que a veces pueden llevar a pensar que sus decisiones se basaron en haber leído el manifiesto de Unabomber. Sin embargo, lo cierto es que los casos que cito se produjeron en los años 70 y el famoso manifiesto se publicó en 1995. Por eso digo que pareciera que el ludismo es un sentimiento o reacción natural de las sociedades industrializadas.

El problema no es sencillo, ya que el progreso tecnológico es indiscutiblemente necesario y beneficioso, pero los efectos colaterales que produce también son reales. En conclusión: la tecnología llegó para quedarse y parece que el ludismo también. El reto es buscar un equilibrio que sea lo más beneficioso para el hombre, para que una herramienta creada para su bienestar no se convierta en el arma de su propia destrucción.

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