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jueves, 2 de julio de 2020

Diamantes y fantasmas del Cachamay: crónica aniversaria


Cuando todavía no se había construido el primer puente sobre el rio Caroní para unir  Puerto Ordaz con San Félix, y mucho menos la avenida Guayana, “El Cachamay” no era el parque que hoy conocemos: cercado, con caminerías y algunas construcciones que el vandalismo ha destruido; eran unas caídas de agua rodeadas de selva virgen, muy visitadas por los lugareños para admirar su belleza y, a veces, también darse un chapuzón.

 

En los meses de sequía, cuando el rio bajaba considerablemente su caudal, el salto quedaba reducido a uno cuantos chorritos, que formaban entre las piedras unos pozos donde la gente bajaba a bañarse de manera sabrosa, sin el peligro de ser arrastrado por las corrientes de tiempos de invierno. El único riesgo que advertían los mayores, eran los tembladores (peces que dan corriente) que podía quedar atrapados en esos pozos.

 

Además del baño, los niños atrapaban pececitos con botellas llenas de pan y algunos adultos “suruqueban” porque según se decía, el Caroní arrastraba diamantes y muchos de ellos quedaba en esos pozos que eran accesibles a la gente en tiempos de verano. No conozco a nadie que sacara un diamante, pero eso se decía y eso creía.


Entre los personajes domingueros de orilla de rio, recuerdo a uno con desarreglado aspecto bohemio, que con un libro y un cuaderno se sentaba a la sombra de los árboles a observar el ambiente y sus circunstantes. Decía un vecino de Castillito, que el hombre era un poeta que vivía en el bosque, inspirándose en los espíritus de los pueblos indígenas que frecuentaban las orillas de las caídas de agua.


Cuando recordamos el pasado es difícil separar la realidad de la ficción. Lo cierto es que, en una oportunidad, con un amigo de mi padre, recorrimos un camino de tierra que bordeaba el rio, desde lo hoy se conoce como “El Cachamay”, pasando por el parque Loefling, hasta llegar a donde después se construyó la urbanización Los Olivos. Por el camino el hombre iba contando historias de la vida indígena en ese lugar, arboles misteriosos que caminaban y aparecían en sitios diferentes, extraños animales que salían en las noches y luego desaparecían sin dejar rastro. Algo similar a la reciente historia del puma que se escapó cortando el candado de la jaula. En fin, El Cachamay estaba rodeado de una atractiva belleza misteriosa.


Pasó el tiempo y lo demás es historia oficial muy conocida: se construyó El parque Cahamay, El Parque Leofling. Pasaron las épocas de esplendor y llegaron momentos de abandono. El lugar vuelve a estar en manos de la naturaleza. En verano se quema el bosque y en invierno las lluvias lo resucitan. Así es la historia, más de 60 años de sueños, trabajo, esperanzas, éxitos y frustraciones. Ahora la realidad es tan dura que, en tiempos de aniversario, lo más ameno es recordar aquellos años de ingenuidades y fantasías que condimentaba la vida de la gente, esperando encontrar un diamante que les regalara el rio, o librarse los misteriosos fantasmas del bosque.

 

 

 

 

jueves, 30 de abril de 2020

Pandemia e injusticia digital


Esta semana me tocó comenzar a dictar clases a distancia. Acepto que es una necesidad para resolver el problema de comunicación que tenemos en tiempos de pandemia, donde el contacto humano ha quedado muy limitado al extremo de que casi está prohibido. Casualmente en mi primera experiencia a distancia, tenía que hablar de la justicia como valor humano y social, destacando, como dicen la mayor parte de la intelectualidad filosófica, que solo las acciones humanas pueden ser calificadas como justas o injustas. Pero en medio de esa experiencia virtual, algunos oyentes o participantes, decían que no se escuchaba, otros, por otra vía se quejaba de las dificultades de comunicación. Y por los comentarios que hice después de esa experiencia, un amigo me envió por WathsApp la imagen que adjunto, donde un muchacho desde un lugar alejado de la ciudad le dice a un profesor que “allí no se oye”. La escena da a entender lo que denuncia la tesis de la brecha digital, destacando que hay gente que esta excluida del progreso y muy especialmente de este “mundo virtual”

Es indiscutible que el coronavirus ha acentuado las diferencias sociales, e inclusive, las tradicionales injusticias, especialmente las tecnológicas. Y no se trata de que llegue o no llegue la señal del internet, hay mucho más, hay personas que siempre han estado totalmente excluidos del progreso y ahora pueden convertirse en victimas del “analfabetismo o el alejamiento tecnológico”. En medio de estas tertulias, que no se pueden llamar debates, se dice que “el que no se monte en la nueva realidad está fuera del mundo” Y aquí es donde disiento, porque independientemente de la habilidad o torpeza tecnológica, estamos hablando de seres humanos, que tienen todo el derecho a ser tomados en cuenta, y buscar la manera de atender sus necesidades, sensibilizándose con ellos, igual como se hace con los sectores tradicionalmente desfavorecidos 

Estamos claros que nos enfrentamos a una nueva realidad, y tenemos que apelar a los recursos que nos ofrece el sistema de video conferencias para hacer que la educación llegue a todos. Pero, qué cosas, nada es perfecto, no se puede llegar a todos.  Siempre aparece la cara oscura de la injusticia. Y terminé la clase pensando que, además de la conducta humana puede haber otra cosas que produzcan terribles injusticias.  


  

domingo, 26 de enero de 2020

Billy Jack en Puerto Ordaz




El cine tuvo influencia importante en los orígenes de la sociedad guayacitana de los años 70. Aunque hay que reconocer que no existía el mismo nivel de intelectualidad cinematográfica que en la capital, se debe destacar que se formaban las tertulias dedicadas comentar lo que dejaban las películas en una ciudad de pocos movimientos culturales como era Puerto ordaz en aquellos días. Además, las modas del cine también llegaban y se imponían en tiempos en que no había televisión. Todavía hay quienes recuerdan momentos de su vida relacionándolos con los héroes cinematográficos de aquel entonces, y entre tantos, hoy recuerdo la saga de Billy Jack.


Billy Jack es un personaje creado por el director de cine Tom Laughlin. Jack: un mestizo veterano de la guerra de Vietnam que vivía en sintonía con la naturaleza, y luchaba contra el racismo y los abusos de los poderosos contra los más humildes. Fue visto como miembro de la contracultura juvenil, y su forma de vestir con blue jeans y sombrero, impactó de tal manera, que un gran amigo que ya partió, no se quitaba el sombreo al estilo Billy Jack, ganándose inmediatamente el apodo de Billy

La trama de la película era muy básica, dividiendo a los personajes entre buenos y malos; siempre con la expectativa de que estos últimos se trasformaran, porque pareciera que en el fondo de la naturaleza humana siempre está el bien. Llamaba la atención que el hombre, que pregonaba el pacifismo lo defendía a patada limpia, porque un maestro de hapkido y en algunas ocasiones esa era la única manera de hacer entrar en razón a los violentos.

Otra cosa importante para recordar a Billy Jack era el tema musical One Tin soldier, que contaba la historia de un pueblo que creía que en una montaña debajo de una piedra había un tesoro y cuando deciden apropiarse de él de manera violenta  para repartirlo entre la gente, se encuentran que el tesoro era una frase que decía “Paz en la tierra”. Y el coro de la melodía repetía irónicamente: “vaya por delante, y odiaras a tu vecino, Vaya por delante y engaña a un amigo. Lo hacen en nombre del cielo. Se puede justificar…”

Así era Billy Jack, héroe de los setenta, que no se encontraba a gusto ante la crueldad humana e invitaba con sus acciones a luchar contra las injusticias y a compartir la paz.  Porque la paz es el verdadero tesoro de la humanidad
  


sábado, 4 de enero de 2020

La ira del Papa


El manotazo que le dio el Papa Francisco a la feligresa el pasado 31 de diciembre se convirtió en “tendencia” de final e inicio de año. Inmediatamente las redes sociales abrieron un debate y hasta un importante canal de televisión le dedicó espacio estelar para discutir el acontecimiento. El escándalo es lógico, porque -como se dice- las reacciones iracundas, aceptables en las personas normales, son inadmisibles en quien debe ser mensajero de la paz, considerado como una santidad libre de pecado

  Ahora bien, no estoy convencido de que la ira sea un pecado, porque según los especialistas, es una reacción natural del cuerpo humano.  En el libro Los pecados capitales de Fernando Savater se cita al periodista y neurólogo argentino Nelson Castro que sobre la ira hace un análisis que me parece acertado: “La ira es totalmente fisiológica, porque el organismo responde con una carga de adrenalina. ¿Cómo no va a haber ira si el cuerpo humano esta preparado para eso? Psicológicamente es una reacción a algo que afecta, que altera, que causa un daño. El problema es cuando la ira no es una reacción sino una norma de vida. Allí la ira se convierte en pecado; lo otro es algo inmanente a la naturaleza humana que tiene cierto fin”.

El manotazo del Papa ha causado decepción entre los que lo aman y satisfacción entre los que los odian, que por cierto son bastantes. Siempre han existido los religiosos iracundos, el problema es que la actitud del Papa Francisco, en relación a algunos regímenes políticos, le ha generado un inmenso rechazo, que se pone de manifiesto con la reacción que en las redes sociales ha causado su manotazo.

No creo que la reacción del Papa ante la feligresa que lo toma de la mano lo convierta automáticamente en un hombre malo. Lo que demuestra es que no tiene la paciencia necesaria para controlar la ira, como pasa en más de un mortal. Lo verdaderamente malo, es que escándalo demuestra que las “virtudes no venden mediáticamente” como lo hacen los pecados. El ejercicio de la paciencia no se convierte en “tendencia” ni llama la atención, las reacciones iracundas sí.
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Como decían antes, no estoy convencido de que la ira sea un pecado, el odio si lo es. Y más aún, el odio político e irreflexivo que se hace evidente en estos días.

viernes, 4 de octubre de 2019

El origen del mal



En tiempos en que las redes sociales nos conectan con el mundo al instante, podemos ver como la maldad se multiplica por todas partes. Las noticias no traen muchas cosas para alegrar la vida y tener la esperanza de que el futuro será mejor. Ante esto, no faltan los especialistas que opinan, muchas veces con la buena intención de ayudar, pero en otras, lo hacen  para presentarse como los mejores de la especie, ejemplo de bondad y salvadores de la raza humana.
Ahora bien, ¿Cuál es el origen del mal? Mucho se ha escrito sobre esto y si algo está claro, es que no hay nada claro. El gran novelista ruso León Tolstoi escribió un cuento que lleva el mismo título que el problema que aquí nos ocupa, donde aborda el asunto  de la manera que voy a resumir  seguidamente.
En medio del bosque vivía un sabio ermitaño que se entendía perfectamente con las fieras, conviviendo pacíficamente con ellas. En una ocasión en que descansaba debajo  de un árbol, se cobijaron allí para pasar la noche, un cuervo, un palomo, un ciervo y una serpiente. “A falta de otra cosa que hacer y con el fin de pasar el rato empezaron a discutir sobre el origen del mal”. Comenzó el cuervo diciendo que,  el hambre es la causa del mal, si se pasan días sin probar bocado la vida cambia y no hay un momento de tranquilidad; intervino seguidamente el palomo diciendo que, el mal proviene del amor, porque si viviéramos solos no tendríamos sufrimientos, pero quien  ama vive intranquilo por el bien del ser amando; el mal lo produce la ira, dijo la serpiente, si viviésemos tranquilos y no buscásemos pendencia todo iría bien; por ultimo interviene el ciervo diciendo, el mal lo produce el miedo, la intranquilidad existencial ante el peligro. Al final interviene el sabio ermitaño diciendo “No es el hambre, el amor, la ira ni el miedo la fuente de nuestros males, sino nuestra propia naturaleza. Ella es la que engendra el hambre, el amor, la ira y el miedo”.
Hay que observar que, mientras los animales opinan el sabio escucha y al final les advierte que,  todas esas cosas se conjugan en una sola, su naturaleza, tal y como ocurre en la naturaleza humana que es el origen de todos los males.  Si hacemos un ejercicio de fantasía imaginando que la escena se produce en nuestras tierras, a orillas del Caroní, al grupo de animales seguramente se incorporaría un lorito mañanero, para advertir que, hay algo más terrible, que puede acabar hasta con el mejor país del mundo: el odio.
El cuento con el que hoy me reincorporo a este espacio puede tener muchas interpretaciones. Y perfectamente nos puede llevar a pensar que, en los lugares donde abunda el hambre, la ira y el miedo, solo el amor bien entendido, no como preocupación personal, sino como servicio a los demás, puede ser el remedio para erradicar el mal y alcanzar el bien.   (twitter @zaqueoo)



domingo, 23 de diciembre de 2018

Los regalos de Jesús


Llega la Navidad y las redes sociales sustituyen a las viejas y tradicionales tarjetas que se venden, todavía, en librerías que se niegan a morir. La tecnología permite que los buenos deseos de la gente lleguen a todas partes. En medio del mar de mensajes hay una frase que se repite” Te deseo que el Niño Dios te traiga lo mejor”. Y aquí salta la duda: ¿Qué es lo mejor?
En la novela de Fernando Sánchez Dragó, La prueba del laberinto, se dice que Jesús aportó dos cosas al mundo: el libre albedrio y el amor compasivo y solidario.  El libre  albedrio es la potestad que tiene el hombre de escoger los caminos de su vida y el amor solidario es el que da sin esperar nada a cambio y  no es indiferente ante el dolor ajeno. Estos fueron los regalos de Jesús.
¿Esto es lo que quiere la gente que le traiga Jesús en Navidad? Parece que no, porque según el citado autor, en el mundo occidental amar significa poseer, y en cuanto al libre albedrio, G Sánchez Dragó describe duramente las costumbres de este tiempo: “La gente se ira mascando chicle de hidrocarburos de fresa hacia el centro comercial más cercano, para invertir sus ahorros en lechugas de plástico, hamburguesas de rata china, lencería y cosméticos de placenta humana… se fundirá el resto de la jornada sesteándose y rebosándose de culebrones , partidos de futbol, noticias manipuladas, decibeles estereofónicos, video clips descoyuntados, concursos modorros, reclamos de desodorantes para ciudadanos elegantes o detergentes para marujonas competentes, tetas y culos de silicona, azafatas en paños menores, anuncios institucionales del Ministerio de Hacienda, ruines mentirillas de políticos asalariados por Banqueros,  multinacionales, jeques del Golfo Pérsico o el Presidente de los Estados unidos… “
Ese es el mundo que describe Sánchez Dragó en su novela,  muy alejado de los aportes de Jesús. Ese mundo existe indudablemente, pero no es el único, porque también nos encontramos con muchas personas que viven de forma diferente y trabajan para cambiar las cosas y que el anhelado reino de Dios se haga realidad para todos.
Por eso, en medio de las deslumbrantes luces del placer, hay que pedir que los verdaderos  regalos de Jesús lleguen a todos,  porque allí está la felicidad. (twitter @zaqueoo)

lunes, 16 de julio de 2018

Tras las huellas del Hermano Korta s.j





El pasado miércoles 11 de julio, se cumplieron cinco años del accidente donde perdió la vida José María Korta Lasarte s.j,  un hombre que dedicó su vida a la defensa de los derechos de los indígenas, fundador de la Universidad Indígena del Tauca y de la  Asociación Civil Causa Amerindia Kiwxi.  Hablar del Hermano Korta no es fácil,  porque no fue una personal fácil;  por lo tanto, limitarse a describir sus obras sin hablar de sus ideas y su carácter,  puede conducir a ocultar lo que realmente fue.

Korta fue un misionero, es cierto; como miembro de la Compañía de Jesús realizó un recorrido misional de más de cuarenta años con los indígenas, pero lo hizo desde una visión crítica de la cultura occidental y una filosofía radical sobre el sentido de la vida. En las numerosas conversaciones que tuvimos sobre la problemática indígena, decía cosas que molestaban a quienes no lo comprendían: “El mundo de donde ustedes vienen no les permite ver la situación real de los pueblos indígenas”.

En efecto, Korta era una buena persona, muy incómoda, porque decía las cosas en forma clara y directa. En conferencia que puede consultarse,  en internet, comienza denunciando que,  para él,  el capitalismo es el colonialismo de este tiempo que destruye la cultura de los pueblos originarios; elogia la forma como el Proceso Bolivariano reconoce los derechos de la cultura indígena  en la Constitución, pero acto  seguido,  critica el hecho de que la política gubernamental no ha cumplido con lo que dice la carta magna.

Su compromiso y valor quedó demostrado en muchas  acciones, como la huelga de hambre en que se declaró en el año 2010, reclamando los derechos del Cacique Sabino Romero y otros indígenas Yukpas a ser juzgados de acuerdo a sus leyes y costumbres,  y el pronunciamiento titulado “Bendigo y Maldigo” que cito breve y textualmente: “BENDIGO El significativo Capítulo VIII de Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, CRBV; la Ley Orgánica de los Pueblos y Comunidades Indígenas LOPCI y demás Leyes aprobadas durante la V República. MALDIGO La política del Ministerio del Poder Popular para los pueblos Indígenas que no ha trabajado en instrumentalizar y hacer posible la aplicación de la CRBV y LOPCI y demás leyes aprobadas durante la V República, siendo la demarcación de sus tierras y hábitat una asignatura pendiente . BENDIGO La decisión del Presidente Chávez de responsabilizar a una institución gubernamental para resolver los cuantiosos problemas pendientes en la aplicación de la CRBV y la LOPCI y lograr su afirmación cultural y autonomía, dignificando sus retos creativos, siendo sujetos de su historia. MALDIGO La acción contradictoria del Ministerio del Poder Popular para los Pueblos Indígenas MPPPI al usufructuar esa Institución, creada para la afirmación cultural de los pueblos indígenas y para definir los mecanismos de la aplicación de la CRBV y la LOPCI, como trampolín al poder institucional y financiero. En realidad el equipo del Ministerio ha contribuido, con sus mecanismos de regalos injustificados a la división de los pueblos y, convertirlos en mendicantes sin dignidad…  (Párrafo tomado de https://www.aporrea.org/actualidad/n208616.html).
Otro detalle para seguir las huellas reales del hermano Korta,  se puede apreciar en que,  cuando funda la Causa Amerindia, toma como epónimo,  el nombre de Kiwxi, con el que se conocía al misionero español Vicente Cañas,  (el jesuita que se volvió indio) que fue asesinado en 1987 en el Mato Groso brasileño por defender los derechos  del pueblo  Enawene-Nawe.  Conocer a Vicente Cañas puede ayudar a entender el drama indígena y la lucha que se libra en ese sentido; su nombre como referencia en la Causa Amerindia, es un mensaje claro de lo que quería Korta con esa asociación. 

En una visita que hice  hace años al  Caño Tauca,  acompañado de amigos del hermano Korta, para compartir con él lo que luego se convirtió en la Universidad Indígena,   en un paseo mañanero, me decía -palabras más palabras menos- “El indígena,  en medio de su hábitat natural y con muy poquitas cosas,  puede hacer algo que es casi imposible para el criollo: ser feliz”.

Tema aparte era su idea de Dios: Jesús estaba siempre presente en su vida,  pero el Jesús del Evangelio no la imagen que construye la teología posterior. Dicen sus allegados que al morir llevaba un libro del sacerdote José Antonio Pagola, un teólogo contemporáneo que plantea la revisión de la fe católica con lo que denomina “la vuelta a Jesús”.

Esta es de manera muy breve la imagen que tengo del Hermano Korta s.j. Se puede estar de acuerdo o en desacuerdo con sus ideas, pero hay que reconocer que su vida fue un ejemplo de honestidad y coherencia entre lo que se cree internamente y o que se hace externamente. Y ahora que se escribe mucho sobre los héroes de la Amazonia y el indigenismo,  creo que es importante ir tras las huellas de ese hombre que vivió, luchó y murió en estas tierras, con la esperanza de que algún día los pueblos originarios recobren la dignidad perdida.- ( twitter @zaqueoo)



Vida y mujeres de Castillito en los años sesenta




 Allá por los años 60, vivía yo en Ciudad Bolívar y vine a pasar unas vacaciones a casa de unos amigos que habitaban en la calle principal de Castillito. En aquel momento, esa calle, que todavía no era avenida,  era una vía importante porque conducía al “paso de la Chalana” que llevaba a San Félix.  Mis anfitriones eran los padres de un amigo de la infancia, tiempo en que se comparten los juegos y las fantasías y, obviamente, para eso era las vacaciones. De las cosas que siempre recuerdo de aquellos días, era que la madre de mi amigo nos decía “Niños puede salir a jugar a la calle,  pero si ven mujeres métanse para adentro”.

Al pasar los años, y compartiendo anécdotas con los pioneros de ese sector de la ciudad, entendí la razón del “consejo”, producto de moralidades  que hoy nos puede parecer absurdas. El cuento es que,  en los años cincuenta, cuando empezaban a construirse las instalaciones de la Orinoco Mining Company  y el urbanismo de Puerto Ordaz, hacia el sector que hoy se conoce como “Los Monos”,  empezó a llegar gente que, esperado conseguir trabajo se instaló allí, fundándose lo que hoy se denomina “Castillito”. Para atender las necesidades de aquellas personas, llegan comerciantes de todo tipo, entre ellos, los dedicados a las ofertas del placer. Por eso, en la década de los 50, aquel lugar estaba lleno de bares: desde el simple restaurante hasta el más sofisticado burdel.

Pero en los años 60 la situación cambia,  y esa especie de campamento improvisado se convierte en lugar de residencia de muchas familias, e inclusive, clubes sociales como La Hermandad Gallega. Ante esa realidad, el gobierno decide sacar los “bares”,  trasladándolos a las afueras de la ciudad, convirtiéndose Castillito en un sector comercial y residencial. El problema es que, a pesar de esa medida gubernamental de “ordenamiento”, siempre quedó la sospecha de que muchas  meretrices se quedaron a vivir por allí. Por eso se veía con ojos  de duda a las mujeres que caminaban por la calle;  un prejuicio absurdo que pronto desapareció.

Puedo dar fe,  de que en aquellas vacaciones que estoy comentando, la calle principal de Castillito tenía una vida sencilla, sin mayores problemas,  e inclusive, más agradable que ahora. El tráfico era constante por los vehículos que iban y venían de San Félix; por la mañana el comercio ponía en movimiento al sector;  por la tarde llegaban los trabajadores a refrescarse y tertuliar;  al anochecer salía la gente a pasear un rato -  porque se podía pasear por allí- y después a dormir. Así más o menos era un día en Castillito.

El entretenimiento principal era el Cine Lorena, propiedad de la familia Blasco, donde proyectaban diariamente películas mejicanas de humor y aventuras, además de los famosos dramas de Libertad Lamarque. Para nosotros era lo máximo, y siempre estábamos pendientes, de la cartelera para pedir que nos llevaran al cine, lo que se lograba siempre con condiciones previas: hacer caso a los mayores, cortarse el pelo en barbería Roma, -creo que así se llamaba- ayudar a restrillar el patio etc.  En los meses de julio y agosto,  cuando llegaban las lluvias a la ciudad y el rio crecía, no podíamos ir  a bañarnos a los pozos del  Cachamay, solo pasear por la orilla y sacar pececitos de los remansos  con unas botellas vacías llenas de pan.

Estos  son recuerdos escritos al regresar de un evento organizado  por Evelio Lucero para rendir homenaje a Rafael Mendoza,  en el día en que se conmemora la fundación de Ciudad Guayana: un acto de justicia para el “arquitecto de la Llovizna” –como le dicen algunos-  que entregó su vida a la conservación de nuestros parques. Además, una manifestación de cariño hacia esta urbe y una prueba más de que la ciudad está viva, porque  a pesar de que le han quitado muchas cosas y ha perdido la alegría,  permanece intacta en los corazones de quienes la quieren y no la dejan morir.

El año pasado, por estas fechas,  escribí un artículo que titulé   Puerto Ordaz era una fiesta, después escribí sobre Villa Colombia, Villa Brasil y ahora Castillito, su vida y sus muchachas.  Hay lectores  que preguntan, ¿Por qué escribir de esta ciudad? ¿Por qué quererla?. Para responder, voy a citar a mi amigo, el poeta Francisco Arévalo que, con motivo de los cincuenta años de Ciudad Guayana,  escribió un artículo titulado  Palabras de Sollado, que termina así: “Como no querer este trozo de tierra contradictorio, donde unos llegan con la relación prostibularia en la frente y otros se dedican silenciosamente a darle forma y contenido a una ciudad de características atípicas, entre lo señorial y lo herrumbroso, entre la duda y lo certero. Un lado sometido a la cosmetología urbanística y otro que sobrevive al olvido…Para terminar yo amo esta ciudad porque me da la gana… como olvidar los panas disímiles que frecuento y las mujeres que me han habitado en estos parajes de hormigón”.

¿Por qué escribir de esta ciudad? Lisa y llanamente, porque escribir de esta tierra es escribir de nuestra vida, del cariño hacia ella, y también, como dijo el poeta,  porque me da la gana de hacerlo.- (twitter @zaqueoo).-



domingo, 28 de enero de 2018

La muerte encefálica y sus problemas (I)


Uno de los problemas que causa insomnio a los estudiosos del derecho, es la situación  jurídica en que se encuentran las personas afectadas por muerte encefálica. Esta, ha sido definida por la ciencia médica, como el cese irreversible de las funciones cerebrales en el hombre. En consecuencia, no tiene conciencia, no piensa, no habla no puede alimentarse; consideran los médicos que en esta situación,  aunque respire y conserve algunas funciones, la persona está irremediablemente muerta, y así debe ser declarado legalmente.   
En Venezuela, el artículo 25 de la Ley Sobre la Donación y Trasplante de Órganos, Tejidos y Células en Seres Humanos, establece: “Para los efectos de esta Ley, la muerte según criterios neurológicos, podrá ser establecida en alguna de las siguientes formas: 1. La presencia del conjunto de los siguientes signos clínicos: a. Coma o pérdida permanente e irreversible del estado de conciencia. b. Ausencia de respuesta motora y de reflejos a la estimulación externa.  c. Ausencia de reflejos propios del tallo cerebral. d. Apnea. La muerte encefálica, según criterios clínicos neurológicos, se establece legalmente, cuando así conste en declaración certificada por tres médicos o médicas que no formen parte del equipo de trasplante.”

Ahora bien, ¿la muerte  encefálica puede tener el mismo efecto jurídico, que el cese absoluto de funciones vitales, como ocurre con lo que podríamos denominar la muerte pura y simple? Aquí las opiniones están divididas. Hay quienes consideran que si,  y en consecuencia, desde el momento en que se declara la muerte encefálica, los poderes otorgados por la persona cesan, del mismo modo que su condición de parte en los juicios, e inclusive,  debe abrirse el proceso sucesoral. Pero por otro lado,  hay quienes rechazan esta tesis, y consideran que debe aplicársele un régimen jurídico parecido al de los entredichos o inhabilitados, designando  tutores o curadores al “paciente” hasta que muera definitivamente. Pero la cosa no es tan sencilla como parece, y para demostrarlo, voy a citar el caso de la mujer que estaba hospitalizada con un diagnóstico de muerte cerebral y fue embarazada por un camillero del hospital.

De manera resumida y,  sin identificar a las partes,  les cuento que, una mujer que a  consecuencia de un accidente de tránsito quedo “muerta cerebralmente”, sorpresivamente para sus familiares,  “salió en estado” como se dice coloquialmente,  porque un camillero del hospital tuvo un ayuntamiento carnal con ella. Descubierta la situación,  la Fiscalía del Ministerio Público  acusó al camillero de violación,  y en una sentencia absurda e incomprensible para el ciudadano común, pero con cierta lógica, desde el punto de vista jurídico, el tribunal lo absuelve, con el argumento de que no se puede violar a una persona muerta. Voy a citar parcialmente la sentencia
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“En el caso concreto, el delito de violación impropia prevé como bien jurídico la libertad sexual, y la libertad sexual solamente puede tenerla una persona viva…  En el caso se trata de una persona que la Ley General de Salud, en el Artículo 343, precisa que está muerta porque tiene muerte cerebral. Si la persona tiene muerte cerebral, no tiene potencialidad para ejercer su libertad sexual. Y si no tiene potencialidad para ejercitar su libertad, entonces no existe bien jurídico tutelado…  “Este Tribunal, obviamente, no está de acuerdo con la conducta del imputado El señor tuvo ayuntamiento carnal con alguien que jurídicamente se considera muerta. La misma Ley General de Salud, en el Artículo 346 precisa que a los cadáveres se les debe el máximo respeto. En congruencia con esto, la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en Tesis Visible 236801, ha señalado que estas conductas se tratan de profanación de cadáveres, pero no actualizan una violación. No se pasa por alto que en la Quinta Época se hablaba de que la muerte era la extinción de todas las funciones vitales. Sin embargo, el conocimiento de la ciencia en la actualidad, hoy por hoy, se habla de que la muerte de una persona se considera con la sola extinción de la función cerebral. En consecuencia, por mayoría de votos, se dicta veredicto absolutorio…” (Fin de la Cita)

Esta decisión, que a la luz del legalismo básico puede considerarse acertada, deja muchas dudas al respecto. No voy a discutir los avances de la ciencia médica, y si ella dice que la muerte encefálica o cerebral, equivale a la muerte definitiva, no pienso polemizar en este tema. El problema es que en el derecho hay una diferencia entre la persona física de carne y hueso y el sujeto de derecho a  quien el ordenamiento reconoce la titularidad de derechos y deberes. No pretendo explicar aquí le teoría de la imputación de Kelsen (muy criticado y poco leído) solo colocar el acento en la duda, para llamar a atención sobre la magnitud del problema.

El tribunal considera que el imputado debe ser absuelto, porque no puede ser condenado por violar a un cadáver; de acuerdo, pero los cadáveres no quedan embarazados, por lo tanto,  el argumento no puede ser aplicado con tanta exactitud al caso concreto; tampoco me gusta la explicación de que no se ha violado el bien jurídico tutelado,  que en este caso, es la libertad sexual, porque tener ayuntamiento carnal con una persona que no puede expresar su voluntad, sobre si acepta o rechaza el acto, más que un eximente debería ser un agravante.

No discuto la tesis de que toda representación de una persona a quien se le ha diagnosticado muerte encefálica debe cesar, pero hay funciones que permanecen y son inherentes a la esencia de lo humano, como es, en el caso que nos ocupa, la de procrear. No es posible definir a una persona humana si nos colocamos solamente desde el punto de vista de su realidad física. Como decía Recasens: “… la persona humana no es una cosa, sino que es algo solo comprensible a la luz de una idea ética, o,  mejor dicho, de los valores y su realización, especialmente de los valores éticos”.

La semana pasada,  algunos amigos abogados, me sugirieron en los pasillos de los tribunales, que escribiera más sobre los problemas del derecho. Cumplo con dejar este tema para la reflexión,  y por eso acompañé el titulo con el número (I),  porque la cosa continuará. (twitter @zaqueoo)  




El televisor de la discordia

Los conflictos humanos muchas veces se producen por cosas absurdas. Esto fue lo que le pasó a un vecino de esta querida Ciudad Guayana, por  querer ser el primero en disfrutar de la televisión a color en su barrio. En efecto, cuando se iniciaba la década de los años setenta, en Venezuela no había trasmisiones de televisión a color, teniendo que conformarse los televidentes con ver las cosas en blanco y negro. Más o menos, entre los años 72 y 73,   comienzan a llegar al país los primeros televisores a color que, demás está decir, no estaban al alcance de todo el mundo. Por eso, en 1974, el  entonces presidente de la república Carlos Andrés Pérez, decidió prohibir las trasmisiones  de televisión a color, hasta que todos los venezolanos pudieran tener un  aparato a colores.

Pero como siempre ocurre ante las prohibiciones legales, el ingenio humano se las arregla para evadirlas. Y así los técnicos inventaron unos filtros que permitían ver la televisión  a color, para escapar de aquella orden dictatorial,  que obligaba a todos a ver las cosas en blanco y negro. Esto llegó  a oídos del vecino arriba mencionado, que no escatimó en gastos ni esfuerzos hasta que se compró un “televisor a color con filtro”.

La llegada del televisor a la casa fue un acontecimiento familiar y vecinal: de la noche a la mañana el hombre se convirtió en el personaje más importante del barrio, porque en algunas ocasiones sacaba el mágico aparato al porche de la casa, para que los vecinos disfrutaran  de la pantalla a color.  Así, sus amigos colindantes, vieron  el combate entre George Foreman y Mohamed Alí,  el 30 de octubre de 1974 en Kinsasa (Zaire), y muchos otros eventos míticos de aquella década, en que se pasaba trabajo, pero no se sufría tanto como ahora.

Pero la cosa se complicó cuando la esposa se quejó, diciendo que “ese no podía ser el televisor del pueblo”.  Entonces  se acabaron las “sesiones nocturnas de televisión a color al aire libre” quedando el aparato para el uso exclusivo de la familia en la sala de la casa. Desde ese momento, el apreciado vecino fue visto como un ser  egoísta y desconsiderado,  que no merecía ni el saludo de quienes antes eran sus amigos.

Pero los problemas del televisor no terminaron allí, porque  a pesar de que solo había dos canales, no había acuerdo familiar para que todos vieran el mismo programa al mismo tiempo. Y así empezaron las  peleas entre los hijos, la esposa y su marido, cosa que hizo que este se enojara  y se llevara el televisor a su cuarto para disfrutarlo él solo. Las relaciones se hicieron tan tensas que hasta la abuela un día exclamó: “Bendito televisor, en mala hora lo trajeron a esta casa”

Así siguieron las cosas en una sociedad dividida entre los pocos que tenían estos televisores a color “ilegales” y los ciudadanos honestos que seguían su programación en blanco y negro. La situación llegó a su fin, cuando en 1979 el gobierno de Luis Herrera  levantó la prohibición,  y en los 80 comenzaron las transmisiones de televisión a color. Entonces el mercado se llenó de todo tipo de marcas, que se vendían a los ciudadanos de a pie,  a crédito y con grandes facilidades de pago.

Como puede ver el lector, este domingo cambié el estilo: del artículo de opinión tradicional,  pasé a este articuento, basado en un hecho real,  maquillado con toques de ficción, para reflexionar sobre lo que nos divide y no nos permite vivir en paz. Según la abuela  de la anécdota,  la culpa fue del televisor  que sembró la discordia,  convirtiendo al buen padre y vecino en un ser más despreciable que el avaro de Dickens. Pero la conclusión no es tan fácil: las cosas no son buenas ni males,  lo perverso sale de los corazones de los hombres que siempre buscan excusas para no reconocer su incapacidad para controlar la avaricia, la envidia o el odio,  que es lo que verdaderamente hace daño.

Si los jóvenes de hoy se molestan en leer este  artículo hasta el final,  y están viendo la televisión al mismo tiempo, entérense de que en el pasado las imágenes a color estuvieron prohibidas por motivos sociales, -según dice la historia-  cosa que en aquellos tiempos trajo sus problemas. Hoy todo eso está superado por la revolución tecnológica, que nos regala la posibilidad de poder disfrutar de cientos de canales por cable con alta definición y hasta en tercera dimensión. El problema es que la tecnología no nos ayuda a corregir las bajas pasiones del hombre: llegó la televisión a color pero la discordia permanece, y parece que es para siempre.- (twitter @zaqueoo)




Sobreviviendo

De acuerdo con el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española,  la palabra sobrevivir significa: 1ª Vivir después de la muerte  o de un determinado suceso o 2ª  Vivir con  escasos medios o en condiciones adversas. Esta palabra se ha convertido el algo común en el saludo de los venezolanos en este comienzo de año. Ante la pregunta o formula de cortesía ¿cómo está usted? la repuesta que se generaliza es “sobreviviendo”. E independientemente de que se conozca en detalle  lo que dice el diccionario, la palabra refleja la realidad, porque ciertamente la gente está viviendo en condiciones  muy dificultosas.

La inflación desbordada y alocada, además de poner en peligro la existencia de muchas personas, que se ven privadas de lo indispensable como es la comida, está acabando con la forma de vida de mucha gente, especialmente de los profesionales. Me decía un contertulio universitario que  en este momento es difícil que el salario de un profesional alcance para cubrir la canasta básica, y eso explica que se vayan a otros países o se dediquen a hacer cosas diferentes a la carrera que han estudiado, generándose un grave problema tanto individual como social.

La profesión es mucho más que una solución para resolver el problema económico. Dice José Francisco Juárez Pérez,  en la presentación a una publicación de la Universidad Católica Andrés Bello, sobre ética profesional que, “la profesión es un modo de vida que busca el perfeccionamiento constante del ser humano a través de la ética y los valores” .Esto es lo que distingue el auténtico desempeño del profesional de la simple rutina de trabajo que busca obtener recursos de cualquier manera para poder sobrevivir.  El ejercicio de la profesión le da sentido a la vida del profesional; sentido que se pierde cuando tiene que dedicarse a otra cosa.

Pero además del problema individual,  los profesionales cumplen una importantísima función social al colocar su experticia al servicio de los problemas de la gente. La sociedad necesita médicos que curen enfermedades, ingenieros que construyan, abogados que legislen y defiendan adecuadamente a los justiciables etc. En consecuencia, cuando la profesionalización está en peligro de desaparecer, como ahora está ocurriendo,  la vida social está en peligro, porque no se garantiza el derecho de acceso a los avances de la ciencia. Esto no es una especulación tremendista, es un problema real que tiene que atenderse de inmediato.

Y lo más grave es que,  en general, más allá de lo profesional,  el trabajo del hombre, que desde tiempos inmemoriales ha sido la forma de “ganarse el pan” ha perdido su valor,  afectando seriamente tanto la economía como la moral social. La mayor tragedia que puede sufrir un pueblo, es que su gente no pueda vivir con  el producto de su trabajo.  Así estamos y no se ven soluciones por ninguna parte; vivimos en un laberinto donde es difícil orientarse para alcanzar la salida.

Por eso, volviendo al principio, todos estamos sobreviviendo, tratando de continuar la vida en medio de dificultades que cada día aprietan más. El peligro es la resignación; acostumbrarse a sufrir sin luchar para salir de la adversidad. Entiendo perfectamente  que hoy se piense primero en el problema personal y después en el social, aunque es difícil separarlos, porque solo en una sociedad que funciona puede haber bienestar individual. Y por aquí puede estar la solución aunque suene utópica: solo el despertar del espíritu del pueblo puede revertir la tragedia.

Independientemente de sus miembros, los pueblos tienen unos rasgos comunes e inmutables que constituyen una característica o espíritu nacional. Venezuela también los tiene, y hay que buscar allí. El despertar del pueblo no tiene nada que ver con guarimbas o saqueos, es una acción colectiva que obligue a colocar los intereses de la gente por encima de todo. Las necesidades están claras y las prioridades también. Hay que cambiar el tiempo de las palabras por el de las soluciones y llegar a acuerdos nacionales sobre lo urgente.

Hoy quiero ser muy parco para no caer en la banalidad o en la demagogia: estamos sobreviviendo y tenemos que remar todos para que la calamidad termine. Ese es el deseo,  cambiar de verbo, porque todos los venezolanos –más que sobrevivir- tenemos derecho a vivir.-  (@zaqueoo)













No es un mundo para viejos



El irrespeto juvenil fue uno de los primeros temas de tertulia en este inicio de año. Tomando un café con el Padre Sabino, comentamos el caso del profesor uruguayo que renunció a su trabajo porque no soportó el irrespeto de los alumnos hacia su persona. El docente cuenta su amarga experiencia por las redes sociales, y el asunto se volvió “viral” cuando otros comienzan a contar experiencias similares difíciles de creer a una mentalidad tradicional,  que ve con asombro que, en las aulas universitarias, se ha instalado la “costumbre” de que los alumnos, en vez de atender al profesor se dediquen a  consultar o enviar mensajes por el celular, en claro irrespeto a la persona del docente  y a la enseñanza académica que parece importar poco o nada.

Pero el problema no es solo que el respeto como valor moral esté desapareciendo de la vida  del hombre de hoy, lo más grave, es que muchas personas, e inclusive un sector de la intelectualidad pretenden justificarlo,  hasta llegan a verlo como algo normal.
En más de una ocasión, ante el lamento de que no se respetan ni las leyes ni a las personas, aparece quien pretende justificar la situación, diciendo que se vive un nuevo tiempo que no se comprende. Dicen que hoy,  la libertad está por encima de la autoridad; por lo tanto, exigirle al hombre contemporáneo que sacrifique su felicidad y su vida,  por respetar un conjunto de valores tradicionales  en los que no cree, es algo absurdo.  Y para defender esta tesis se invocan ideas  tomadas de la Modernidad liquida de Bauman, o la Civilización como Espectáculo de Vargas Llosa

Así las cosas y volviendo al mundo universitario, consideran estos defensores de las “relaciones liquidas”, que a los jóvenes de hoy  hay que enseñarle lo que les interesa,  -y entretenga- , añadiría yo. Y si el profesor los aburre con La Caverna de Platón o la Ética Nicomaquea de Aristóteles, que acepte su fracaso, por no entender, lo que decía Nietzsche en su obra  Así hablaba Zaratustra: “Pobre viejo, no se ha enterado de que Dios ha muerto”
Estas ideas “postmodernistas” me hacen pensar que debería cambiar la enseñanza de la Filosofía o Historia de las ideas jurídicas, por materias como La cultura del rock o La filosofía del Futbol, que no me desagradan y ya he preparado un borrador de programa. El problema es que, sigo siendo un hombre viejo; un hombre que, siguiendo parcialmente a Kant, cree que la libertad sin respeto no existe, porque precisamente, solo hay derechos donde la libertad de unos se armoniza con la libertad de otros, bajo la tutela de una ley universal. Lo demás son inventos para justificar el individualismo anárquico y posesivo.

Cuando regresé a mi casa después tertulia reflexiva que comenté al principio, por la tele estaba pasando la película de los hermanos Coen  No es un país para viejos. La trama se basa en la novela homónima del escritor estadounidense Cormac McCarthy: un autor seco y minimalista, que de manera cruda,  retrata las miserias del drama humano. Al final de la película, después de presentar las  aventuras o desventuras de personajes perversos y sin valores, que no se detienen ante nada por un maletín de dólares, se reúnen dos viejos policías hablando de este desastre, y uno le pregunta al otro -palabras más palabras menos-  ¿Cuándo empezó todo esto? Y El otro contestó: “Cuando los muchachos dejaron de decir, Señor y Señora”.

Creo que la idea está clara: guste o no guste, cuando el respeto pasa de moda, y ante el abuso y la desconsideración, no se dice nada,  o se ríe la gracia, se está abonando el terreno para que crezcan las hierbas de delito que destruyen la vida: la travesura del niño de hoy, es posible que se convierta en el delito del hombre del mañana.Y a quienes dice que no se puede pretender que el niño o el adolescente estén siempre atados a la tiranía de sus mayores, les repito la frase de José Luis Martin Descalzo: “Prefiero la tirana de la familia antes que la tiranía de la moda”.

En fin, arrancamos un nuevo año en medio de muchos problemas. Deseo que la situación de la gente mejore, pero esto solo se logrará si recuperamos el valor de las virtudes ciudadanas, aunque me digan que eso son cosas de viejos y, en este sentido,  pareciera que “este no es un mundo para viejos”; ustedes me entienden.


Por ahora no pienso renunciar como lo hizo el profesor uruguayo, porque como decían los griegos el tiempo es circular, y ante el posible fracaso o agotamiento de las sociedades  liquidas,  vengan nuevamente las sociedades sólidas, donde las personas sean tratadas con el respeto que se merecen. Y creo que este es un buen propósito para comenzar el año: reivindicar lo que nos hace dignos y humanos. - (twitter @zaqueoo)

lunes, 20 de noviembre de 2017

Precios justos y salarios justos en sociedades justas


El pasado viernes fui invitado por los estudiantes del grupo Generación  Ucabista a un Café Jurídico  para conversar sobre los precios justos. Tenía que compartir con los profesores Ramón Sosa y Raúl Gil, pero una disfonía aguda no me lo permitió. Como quedé en deuda,  ahora tomo el teclado para escribir sobre lo que iba a decir  en referencia al tema discutido, apoyándome en la Doctrina económica y social de la iglesia.

Metafóricamente podemos decir que el estómago de la gente está pagando por el desconocimiento e improvisación de quienes ignora la experiencia histórica y las realidades de eso que se llama el mundo de la economía. El 23 de mayo de 1931 el Papa Pio XI  publica la Encíclica Quadragesimo anno,   donde ofrece una visión orgánica del orden social, enlazándolo  con la doctrina del solidarismo cristiano. Allí, sobre el problema que agobia a la gente cuando se encuentra ante la tragedia de que su salario no le alcanza para vivir, dice que hay que considerar de manera equilibrada tres puntos: El sustento del obrero y de su familia, la situación de las empresas y la necesidad del bien común.

En primer lugar,  considera la Encíclica, que es necesario fijarle al trabajador una remuneración que alcance a cubrir el sustento suyo y el de su familia, Concluyendo en este punto que, “si esto no fuera posible, la justicia social postula que se introduzca lo más rápidamente las reformas necesarias para que se fije a todo ciudadano adulto un salario de este tipo. No está fuera de lugar hacer aquí el elogio de todos aquellos que, con muy sabio y provechoso consejo, han experimentado y probado diversos procedimientos para que la remuneración del trabajo se ajuste a las cargas familiares, de modo que aumentando estas aumente también aquel…”   El problema es que en nuestra realidad las cargas son muy grandes y los aumentos muy pequeños.

En segundo, lugar dice la Encíclica: “Para fijar la cuantía del salario deben tenerse en cuenta también las condiciones de la empresa y del empresario, pues sería injusto exigir unos salarios tan elevados que, sin la ruina propia y la consiguiente de todos los obreros la empresa no podría soportar” Esta es la otra cara de la moneda, para pagar buenos salarios las empresas tiene que estar saludables económicamente, de nada vale subir sueldos para quebrar las empresas y que empresarios y trabajadores se arruinen: aquellos pierden su inversión y estos se quedan sin trabajo.

En tercer lugar, dice que la cuantía del salario debe acomodarse el bien público económico que describe así: “hay otro punto de no menor importancia y en nuestros tiempos sumamente necesario, o sea,  que se dé la oportunidad de trabajar a quienes pueden y quieren hacerlo… ¿Quién ignora, en efecto, que se ha debido a los salarios, o demasiado bajos o excesivamente elevados, el que los obreros se hayan visto privados del trabajo? En pocas palabras, cuando no hay equilibro económico no hay trabajo para quien lo busca y quiere vivir honestamente de un salario. Y esto es lo que estamos viendo con la cantidad de venezolanos que se van buscar empleo  en otros países.

Y termina con una cita que es importante considerar y por eso la trascribo íntegramente aunque sea un poco larga: “A esto contribuye grandemente también la justa proporción  entre los salarios, con la cual se relaciona estrechamente la proporción de los precios a que se venden los diversos productos agrícolas,  industriales, etc. Si tales proporciones se guardan de una manera conveniente, los diversos ramos de la producción se complementarán y ensamblaran, aportándose, a manera de miembros, ayuda y perfección mutua. Ya que la economía social logrará un verdadero equilibrio y alcanzará sus fines, solo cuando a todos y a cada uno les fueren dados todos los bienes que las riquezas y los medios naturales, la técnica y la organización pueden aportar a la economía social; bienes que deben bastar no solo para cubrir las necesidades y un honesto bienestar, sino también para llevar a los hombres a una feliz condición de vida, que, con tal de que se lleven prudentemente las cosas, no solo no se opone a la virtud, sino que la favorecen notablemente”

Sin entrar en las profundidades de los análisis que hacen los economistas, esto fue lo que dijo la Doctrina social y económica de la iglesia en 1931 y en esto es lo que yo creo. En materia económica no hay prudencia ni equilibrio y en vez de construir espacios de cooperación y armonía, la sociedad se ha convertido en una especie de ring de boxeo, donde crece la confrontación entre adversarios, que solo piensa en vencer al otro. Entre tanto, mientas la Organización Mundial de la salud, considera que,  para una vida digna, una familia debe tener un ingreso de siete dólares al día,  en Venezuela, eso es  más o menos lo que puede ganar en un mes.


La realidad se ha definido de diferentes maneras, pero la más sencilla puede ser la que mejor ilustra nuestro problema: “Es lo que existe en el mundo independientemente de nuestros pensamientos” Y de nuestras palabras,  añadiría yo.- (twitter @zaqueoo)

lunes, 30 de octubre de 2017

Meditaciones en tiempos de guarimbas


Esta es una recopilación de artículos escritos entre el mes de marzo de 2017 y el mes de agosto de este mismo año. Un periodo de tiempo importante en la historia reciente de nuestro país: el gobierno lo bautiza como “tiempo de guarimbas” y la oposición como “tiempo de resistencia”. Se puede considerar que se trata de una especie de crónica que domingo a domingo recogía el sentimiento  de lo que se vivía en aquellos momentos; eso es lo que le puede dar algún valor, porque se convierte en una especie de diario sobre lo vivido en medio de una crisis que parece ser interminable.
Después de lo ocurrido el 30 de julio y 15 de octubre queda un sabor amargo en la boca. Pareciera que fue un tiempo perdido con elevado costo de vidas humanas que poco importan a los intereses y ambiciones individuales. El tiempo  dirá, porque todo pasa muy rápido.
Los artículos que aquí se recogen tratan del sentimiento de desaliento que invade a los venezolanos, la forma como los ciudadanos no son tomados en cuenta, la apología de la violencia, el problema de “las dos Venezuela”, la rebeldía juvenil, la política y el hambre y la forma como estamos perdiendo la democracia, entre otras cosas.
El artículo que recuerdo con más agrado se titula Las Fresas de la Amargura, allí me remonté a la rebeldía juvenil de los años sesenta comparándola con la de los muchachos de hoy. Para ellos,  que tanto sacrificaron en este tiempo, van dedicadas estas líneas.
El compromiso con la esperanza
en medio del  desaliento (26/03/17)
La sociedad venezolana está seriamente afectada por la desesperanza. Cada día aumenta el número de personas convencidas de que todo está perdido irremediablemente. A pesar de los esfuerzo por levantar el ánimo  y ser optimista, hay una frase que se escucha por todos los rincones “Esto no tiene remedio”. Y más allá de las opiniones, hay hechos que revelan una realidad: la gente, no solo se va del país, sino que se desentiende del destino de Venezuela, porque no cree que existan razones para esperar su recuperación. 
Reflexionando sobre el valor de la esperanza en tiempos de crisis, estuve releyendo la  segunda Encíclica del Papa Benedicto XVI  Salvados por la esperanza (Spe Salvi). Un texto, que viniendo de quien en aquel momento ocupaba el cargo de máxima autoridad en la Iglesia Católica, tiene una elevada carga teológica, pero además, hace una  profunda reflexión histórica, antropológica y política, con la que se puede estar de acuerdo o desacuerdo total o parcialmente, pero nos sirve para reflexionar sobre las dificultades de la vida del hombre en la actualidad.
Sin pretender hacer  una interpretación profunda de la Encíclica, me llama la atención, que en medio de un contexto tan materialista como el actual,  presenta a la esperanza cristiana como la única que puede dar sentido a la vida del hombre, que se encuentra descorazonado y desorientado ante el fracaso de las grandes utopías.
En efecto, el progreso científico, que ha ofrecido indiscutibles ventajas al bienestar humano, no ha sido suficiente para garantizar al hombre una existencia digna. Las ofertas políticas como el neoliberalismo o el socialismo han fracasado y se empeñan tercamente en no reconocerlo, insistiendo en imponer una forma de vivir que produce mucho sufrimiento. Ante esto, vemos como el hombre busca consuelo en la espiritualidad, y parece que se cumple  la profecía de André Malraux: “El siglo XXI será el siglo de la religión o no será en absoluto”.
Benedicto XVI está consciente de la importancia del progreso de la ciencia, o los análisis de Marx sobre los problemas económicos, pero considera que eso no es suficiente, porque “las estructuras son necesarias, pero no son capaces resolver los complejos problemas humanos”
La esperanza cristiana no es una fantasía que cree que  las dificultades de este mundo se van a resolver por arte de magia, y no hay que preocuparse por esta vida, porque lo importante es ganar el cielo; no: la esperanza  es el motor del esfuerzo humano, todo proyecto, empresa o trabajo, solo es posible si va acompañado con la fuerza que da la ilusión de alcanzar el éxito.
Pero a donde quiero llegar, al referirme a la Encíclica, es que el Papa exhorta a que los apóstoles de la Iglesia estén comprometidos con la esperanza y sean sus promotores, porque no se puede ser generador de lo que no se tiene. Y estamos observando con preocupación que hay muchos padres y maestros que no educan para la esperanza.
En los muchos centros educativos, especialmente en las universidades, hay profesores que afectados por la situación que viven, se convierten en promotores de desaliento. En efecto, expresa o tácitamente  pregonan una especie de nihilismo, y le trasmiten a sus alumnos la idea de que nada tiene sentido, y cualquier tarea que se quiera emprender, en este momento y en este país, está condenada al fracaso.
Esto es muy grave, porque la pasión por la docencia se está perdiendo y eso se aprecia en las aulas de clase. El  análisis de la situación social, se queda solo en el diagnóstico del mal sin invitar a buscarle soluciones. Y  poco a poco nos encontramos que además de los problemas comunes, se  está formando a una generación que no cree en el país, y busca su futuro fuera de todo lo que se conoce como la venezolanidad. Si no se ataja esto,  a corto plazo Venezuela perderá a toda una generación.
No se puede pretender una dictadura de las ideas, y que la gente no piense libremente, pero hay cargos donde el compromiso con la esperanza es obligatorio.  El director técnico de un equipo, ante la dificulta de enfrentar a un adversario que es superior, no puede decir a sus jugadores que se olviden de ganar y de antemano  se conformen con la derrota. Si hace esto no sirven como Director. Los equipos pequeños, cuando salen a jugar con los grandes están conscientes de sus limitaciones, pero no descartan que la victoria es una opción. Y en eso es muy importante el mensaje de su Director.
En este momento, los maestros, más que transmitir conocimiento tienen que educar para la esperanza. Cada vez que entren a una clase deben estar conscientes del elevado compromiso que tienen  con sus estudiantes: hay que convencerlos de que la vida siempre ofrece la posibilidad de vencer los obstáculos.
Hoy estamos en un momento en que cobra gran importancia  lo que dice el Concilio Vaticano II en la Encíclica Gaudium et spe: “Se puede pensar con toda razón que el futuro de la humanidad está en manos de quienes sepan dar a las generaciones venideras razones para vivir y razones para esperar”.
De eso se trata. Y  estoy convencido de que los jóvenes entenderán perfectamente el mensaje.  El pasado lunes terminaba las clases de Filosofía del Derecho hablando de este tema, y se me acercó un alumno para recordarme la frase  de Cortázar: “La esperanza pertenece a la vida; es la vida defendiéndose”
La gente no es noticia
(23/04/17)
El pasado miércoles 19 fue un día muy noticioso  porque la oposición y el oficialismo se “enfrentaban” en la calle convocando a sus seguidores a realizar marchas de apoyo a sus posiciones políticas. La historia es conocida y todo el país sabe lo que pasó, las manifestaciones pacíficas terminaron en lamentables episodios de violencia. Pero los que estuvimos en esos eventos,  pudimos apreciar que lo más importante, la multitudinaria manifestación ciudadana, pidiendo, más que un cambio político, un mejor destino para el país, no fue suficientemente reseñada por los medios de comunicación.
En compañía de mis cuñados asistí a la marcha que salía desde La Churuata  hasta la Plaza Monumental. El “río de gente” era impresionante. Allí estaban los partidos políticos, pero había mucho más, miles de personas que salieron a la calle por diferentes motivos,  desde el rechazo a la política del gobierno hasta la desesperación por el empobrecimiento y la perdida de la calidad de vida.  No se puede negar la importancia de las toldas políticas tradicionales en la organización y conducción de estos eventos, pero una multitud que llenó casi tres kilómetros era mucho más grande que  lo que se conoce como “oposición partidista”.
La marcha era digna de un análisis político y sociológico: gente de todas las edades y diferentes  formas  de expresarse que se evidenciaron durante todo el trayecto, desde el lenguaje mitinesco, pasando por el baile,  la consigna  o la conversación entre caminantes. Había de todo,  pero -repito- destacaba como factor común,  la insatisfacción por lo que se está viviendo y  la esperanza en un futuro mejor. Así iban las cosas,  hasta que la marcha llegó a su destino final. Allí empezaron a caer bombas lacrimógenas y reinó el caos con las consecuencias que todos conocemos: la violencia se hizo presente e impuso su ley.
Las horas siguientes repitieron lamentables episodios de una historia que parece no tener fin: heridos,  destrozos, detenidos y hasta muertos.  La violencia física era acompañada de una fuerte violencia verbal  por las redes, con imágenes que ilustraban lo que las palabras no podían expresar. Y así,  al día siguiente,  los medios, tratando de mantener un equilibrio informativo, describieron  lo que fueron las marchas del gobierno y la oposición, pero se les olvido algo, dejaron por fuera a la gente, que ese día salió masivamente a la calle,  para enviar un mensaje que se perdió entre la discusión absurda y maniquea sobre los buenos o los malos, o quien ganó y quien perdió.
No es la primera vez que lo aparentemente importante oculta las voces de la gente, que tienen mucho que decir y,  duélale a quien le duela,  es la verdadera mayoría. Con el permiso del lector y del formato, voy a cita textualmente la letra de una canción de Serrat que puede explicar mejor  lo que quiero decir.
“Detrás de los héroes y de los titanes, detrás de las gestas de la humanidad,  y de las medallas de los generales, detrás de la estatua de la libertad. Detrás de los himnos y de las banderas, detrás de la hoguera de la inquisición, detrás de la cifras y de los rascacielos. Detrás  de los anuncios de neón. Detrás está la gente,  con sus pequeños temas, sus pequeños problemas sus pequeños amores. Con sus pequeños sueldos, sus pequeñas campañas,  sus pequeñas hazañas y sus pequeños errores”.
“Detrás del Quijote y de Corín Tellado, de Miss Universo y del Escorial. Detrás de Hiroshima y del Vaticano, detrás de la víctima y del criminal. Detrás de la mafia y de la policía, detrás del Mesías  y de Wall Street. Detrás del Columbia y de la heroína, detrás de Goliat y de David. Cada uno a su manera, cada quien con sus modos,  detrás estamos todos, usted, yo y el de enfrente. Detrás de cada fecha, detrás de  cada cosa, con su espina y su rosa,  detrás, está la gente”
¡Grande Serrat! Y particularmente pienso que,  en este momento,  detrás de Maduro y de Julio Borges, detrás del gobierno y de la oposición, detrás de la izquierda o de la derecha, del capitalismo o de la revolución,  detrás está  la gente de Venezuela,  con sus penas y alegrías,  ilusiones y esperanzas, pero parece que no tiene quien la escuche ni quien le escriba.

La paz en las civilizaciones mortíferas
(30/04/17)
El pasado jueves 27 de abril, se realizó en la plaza de la biblioteca de Ucab Guayana una vigilia por los fallecidos en las protestas: una bandera de Venezuela en colores gris y negro,  un atril que sostenía una Biblia y  unas velas encendidas  que portaban los asistentes,  indicaban a las claras cual era el sentido del acto. Las intervenciones estuvieron marcadas por el dolor, la rabia y la angustia. El silencio se impuso por encima de las palabras, porque es difícil hablar  de lo  incomprensible e injustificable
¿Cómo es posible que en una sociedad civilizada se esté viviendo lo que se vive en Venezuela?  ¿Cómo entender que “en tiempos de paz” el derecho a la vida esté permanentemente amenazado,  y los mecanismos constitucionales para las protestas  sean actividades de alto riesgo? La respuesta a  estas preguntas  la podemos encontrar en una lectura honesta de la historia, donde se puede ver que la construcción de la paz es un proceso inacabado,  porque la realidad  es que no hemos superado el trauman de las llamadas “civilizaciones mortíferas”
El análisis sobre las civilizaciones mortíferas  lo encontré  libro de  Jean –Marie Muller,  El coraje de la no violencia, donde se  demuestra  que la “civilización humana”  es una maquina productora de muerte, que se construye  con el sacrificio de millones de personas, y especialmente de los jóvenes.
Se destaca en el prólogo de  la citada obra que,   en 1914 Romain Rollan, intelectual europeo que se oponía a la guerra,  advertía sobre la gran cantidad de jóvenes soldados que iba a enfrentarse a la muerte en los campo de batalla de Europa.  “Cuando la masacre finalizó, nadie se atrevió a reconocer que aquella guerra había sido un crimen contra la humanidad. Todos los sufrimientos acumulados durante aquellos años fueron ocultados por los discursos oficiales, que conmemoraba  la guerra como una epopeya gloriosa: las víctimas se convirtieron en héroes”.
Esto es una verdad indiscutible. Cuando abrimos un libro de historia nos encontramos que   de las batallas solo se habla de las glorias y de los héroes,  pero no de las muertes y el sufrimiento que producen. La muerte en una necesidad que se justifica por  la grandeza de las epopeyas.  “Asi-subraya amargamente Jean Guéhenno – todo horror sufrido se torna en gloria, y la mentira de generación en generación, adquirió una grandeza mítica- ¡Que química tan singular! La historia se vuelve tanto más gloriosa cuanto más sangrienta ha sido. Nuestra memoria es mentirosa. Así se miente el hombre a sí mismo para no reconocer sus crímenes”
Ante esto, concluye  Paul Valeri en 1919, que el hombre descubrió que sus civilizaciones son mortales, porque las heridas no se las producen otros sino que se las causan ellas mismas.  Desde entonces se lucha por la paz y la dignidad de los hombres, con avances y retrocesos sin alcanzar el sueño del mundo feliz deseado.  Los proyectos de Jesús, Mahatma  Gandhi, Albert Luthuli , Martin Luther King, Cesar Chávez,   y muchos otros que pretenden construir la civilización de la no violencia  hasta ahora han fracasado.
Al observar a un grupo de muchachos que con velas en la mano expresan su dolor por las víctimas de las protestas, me vienen  a la memoria  las palabras de Shakespeare  en la escena V de Macbeth: “La vida es un cuento absurdo contado por un idiota sin gracia, lleno de ruido y de furia”.
Y a esto,  añade  José  Antonio Marina  en su libro La lucha por la dignidad: “El hombre es un animal, desdichado por comprender que es un animal, y que aspira a dejar de serlo. Esta es la patética y parricida historia de la humanización. El hombre nuevo quiere matar al hombre viejo. Esa es nuestra historia común, en la que todos podemos buscar nuestra identidad,  Creemos que la humanidad navega por un mar azaroso con rumbo pero sin mapas. Su historia es la crónica de múltiples naufragios. Pero como escribió el sentencioso Seneca: “El buen piloto, aun con la vela rota y  desarmada, repara las reliquias de su nave para seguir la ruta”
Eso es lo importante, no perder el rumbo,  y no abandonar  esa  lucha, que no debe buscar la vitoria sobre los adversarios,  sino triunfar sobre las injusticias. Porque no hay nada más injusto que vivir en una civilización mortífera.- 
El país, la gente y la Constituyente
 (14/05/17)
El tema del momento es la polémica convocatoria del presidente de la República  a una Asamblea Nacional Constituyente. Inmediatamente han surgido voces de rechazo o aprobación desde diferentes  posiciones  políticas o jurídicas. La controversia política analiza su conveniencia o inconveniencia y la jurídica su constitucionalidad o inconstitucionalidad.
Inmediatamente se activaron los mecanismos de propaganda política que pretenden “vender” y convencer de que su propuesta es lo mejor. Y así,  para unos,  la Constituyente es la paz y el progreso,  y para otros,  la consolidación de la primera dictadura del siglo XXI.
Ahora bien, ¿Qué piensa el ciudadano común  de todo esto? Es difícil saberlo,  porque cada cabeza es un mundo y,  como dijo un político español,  en lenguaje no apto para los espacios mediáticos  venezolanos,  “Las opiniones son como los…”traseros”: cada uno tiene uno” y por lo tanto, solo se puede hablar de las opiniones que se conocen.
Conversando con un contertulio de caminata sobre los aspectos jurídicos de la Constituyente, me soltó la siguiente reflexión: Yo no sé nada de derecho, lo que sé,  es que hace algunos años, cuando las cosas no estaban bien, me enseñaron una caja llamada Constituyente, diciéndome que allí estaba la solución de los problemas del país, pero nunca me dijeron que había dentro de esa caja,  y cuando la abrieron,  saltó un… “rollo” que tiene más de 17 años y no termina. Ahora me enseñan otra vez  la caja diciéndome que es una maravilla,  pero tampoco me dicen lo que hay dentro de ella. Lo único que sé, es que tengo tiempo esperando que salgan las maravillas prometidas. Mientras tanto, voy a llegar a los setenta años peor que nunca: a pie, casi no consigo comida y para comprarme una camisa y un par de zapatos paso trabajo” Eso dijo el caminante.
Sobre la pregunta ¿Para qué sirve la Constituyente? quiero comentar que, el primer foro que se realizó en la Universidad Católica  Andrés Bello de Guayana en octubre de 1998, se tituló La Constituyente: ¿solución o ilusión? Su escenario fue el Teatro del Colegio Loyola y participaron como panelistas, el sacerdote jesuita Arturo Peraza, los abogados Eliecer Calzadilla y Luis Antonio Anaya;  yo me encargué de moderar el evento.
El debate de aquel momento se centró más en lo político que en lo jurídico. La gran duda era si  se podían resolver los problemas sociales mediante la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente. Todos sabemos lo que pasó después: en diciembre de 1998, Hugo Chávez ganó la presidencia de la República, e impulsó el proceso constituyente que contó con la aprobación de la gran mayoría de los venezolanos.
¿Fue exitosa la experiencia de la Constituyente de 1999? Creo que la mejor respuesta está en los hechos. Si lo que se buscaba era  garantizar un futuro de paz, eso no se logró,  porque hemos vivido en conflicto permanente. Y si lo que se quería era el bienestar y la felicidad del pueblo,  parecer que tampoco hay buenos resultados. Por lo tanto,  la lógica no aconseja repetir experiencias que no han alcanzado los objetivos deseados.
Por otro lado ¿ Es posible una Constituyente en este momento?. Lo veo difícil. La Constituyente del 99 fue impulsada por uno de los líderes políticos más carismáticos de la historia nacional, que contó con un amplio respaldo  popular,  y culminó con una Constitución aceptada por todos, para ser aplicada en un periodo de altos ingresos económicos producto del petróleo. Hoy las cosas son muy diferentes: El liderazgo individual de antaño no existe, el momento económico es malo y la sociedad está dividida de manera irreconciliable.
Pero hay otra cosa. La propuesta se presenta en forma engañosa, porque muchas personas considera que la Constituyente es para buscar  un dialogo pacificador reformando la Constitución Bolivariana  y eso no es así. Hay que hablar claro y decirle a la gente lo significa convocar a una Constituyente Originaria de acuerdo al artículo 347 que acarrea la extinción de la vigente Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.
Quien tenga dudas sobre esto, que lea el artículo 347 de la Constitución:“El pueblo de Venezuela es el depositario del poder constituyente originario. En ejercicio de dicho poder, puede convocar una Asamblea Nacional Constituyente con el objeto de transformar el Estado, crear un nuevo ordenamiento jurídico y redactar una nueva Constitución”. Para que no digan que estoy utilizando argumentos de la oposición, voy a citar al insigne maestro de la filosofía del Derecho Luis Recasens Siches : “Se invoca el poder constituyente originario cuando se funda por primera vez una comunidad estatal o cuando el sistema de derecho positivo vigente ha dejado de ser eficaz y debe ser sustituido por otro”. Creo que al buen entendedor no le hacen falta más palabras.
Por eso, hay voces disidentes dentro del chavismo que no apoyan la convocatoria a una nueva  Asamblea Nacional Constituyente,  y  se inclinan por defender y exigir la aplicación de  la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Cosa que considero lo más lógico y prudente ante las circunstancias en que nos encontramos.
En conclusión, no creo que la Constituyente sea una solución, y mucho menos, cuando una parte del país pretende imponérsela a la otra. Esto ya la condena al fracaso.
Pero más allá de lo jurídico o lo político hay que poner los pies en la tierra y reconocer el problema en que nos encontramos, porque  estamos  a punto de perder la esencia de la vida social que es vivir armoniosamente como pueblo. El pelotero Miguel Cabrera dijo en días pasados: “Alguien tiene que tener el poder de ponerse en pie y decir ‘¡Basta ya, se terminó, esto se acabó!’. Porque la gente se está muriendo en Venezuela”. Yo añadiría, el país entero se está muriendo.
Decía José Ingenieros, palabras más palabras menos, que  “las fuerzas vitales de los pueblos siempre se solidarizan en torno al concepto de humanidad y vida común y  los pueblos ajenos a esa vida común no se consideran civilizados, y no lo son”. Hemos perdido temporalmente la armonía de la vida común y el gran reto es poder recuperarla. Tengo la esperanza de que la fuerza vital de Venezuela vencerá a la ebriedad de orgullo y poder.-
El odio y el miedo en el suicidio
de los pueblos (21/05/17)
Cuando un pueblo está dividido porque no se pone de acuerdo sobre la forma en que debe  desarrollarse la vida en común, y  no sabe controlar las diferencias  para  que estas no se conviertan en odio y violencia permanente,  está condenado al suicidio colectivo.
Si queremos caer en la cuenta del peligro que estamos corriendo por el rumbo que toman los acontecimientos, deberíamos revisar la historia de la guerra civil española,  para evitar que nos pase lo que sufrió esa nación en los años 30 del siglo pasado, cuando la ceguera de una  generación  la envolvió en un conflicto que costó más de un millón de muertos y muchas heridas sociales difíciles de curar.
Hay una cita de Manuel Azaña que explica lo que fue aquel conflicto: “Los impulsos ciegos que han desencadenado sobre España tantos horrores, han sido el odio y el miedo. Odio destilado, lentamente, durante años en el corazón de los desposeídos. Odio de los soberbios, poco dispuestos a soportar la insolencia' de los humildes. Odio a las ideologías contrapuestas, especie de odio teológico, con que pretenden justificarse la intolerancia y el fanatismo. Una parte del país odiaba a la otra y la temía. Miedo de ser devorado por un enemigo en acecho: el alzamiento militar y la guerra han sido, oficialmente, preventivos para cortarle el paso a una revolución comunista. Las atrocidades suscitadas por la guerra en toda España han sido el desquite monstruoso del odio y del pavor. La humillación de haber tenido miedo y el ansia de no tenerlo más atizaban la furia”
Si analizamos detenidamente la cita anterior, podemos encontrar muchas semejanzas con lo que estamos viviendo en el país,  y podríamos concluir que el odio y el miedo son causa importante de nuestros males.
Lo primero que hay que destacar es que las partes en conflicto tiene miedo de ser devoradas por el adversario: el gobierno se aferra al poder como tabla de salvación, porque el costo de perderlo es incalculable, y por eso las locuras que está cometiendo; por otro lado, la protesta de diferentes sectores de la oposición se radicaliza y torna violenta por el miedo a que se instale una dictadura que los elimine de manera definitiva. En conclusión, no hay opciones  para los grupos enfrentados que, metafóricamente hablando, consideran que la derrota es la muerte.
Por otra parte,  al lado del miedo está el odio. Un sentimiento que ha ido creciendo en estos 18 años por un conflicto que comenzó con un discurso oficial agresivo, pasado a los insultos y últimamente a una peligrosa escalada de violencia con los resultados  que todos conocemos.
 A pesar de los esfuerzos para alcanzar una reconciliación, el miedo y el odio tienen el juego trancado.  Algo similar a lo que pasó en a la España de 1936 que Unamuno describía de la siguiente manera: “No son unos contra otros, es España contra sí misma, es un suicidio colectivo… En casi todos se enciende el odio y en casi nadie la compasión, da asco ser hombre”
La violencia irracional que estamos presenciando producto de la represión  brutal que desencadena  en los enfrentamientos que se producen a diario, hace que los demonios del odio se suelten en forma incontrolable. En días pasados una persona fue agredida por ser confundida con un miembro del gobierno; se ha desatado una cacería contra familiares de chavistas en el  exterior, produciendo una especie de asesinatos morales que a veces arrastran a personas que nada tienen que ver con los hechos que les imputan. Esto puede  ser comprensible ante lo ocurrido en las protestas,  pero es absolutamente injustificable desde el punto de vista humano e inconveniente para alcanzar una solución pacífica.
A lo anterior, hay que sumarle un sentimiento   de abandono y falta de fe en el futuro que se está apoderando de gran parte de la población, porque creen que  el país padece una especie de enfermedad terminal,  causada por el odio que se insertó en el tejido social destrozando poco a poco la vida en común.
Así están las cosas  lamentablemente ¿Estaremos presenciando el suicidio colectivo del pueblo venezolano, que no puede superar sus miedos y sus odios?  Es pero que no. Y por eso escribo estas líneas tratando de poner un grano de arena para que la ceguera política no lleve el país al abismo.
En este momento, la opinión mayoritaria considera que un  llamado a elecciones, contaría con el visto bueno de una parte importante del  oficialismo y de la oposición.  Esa es la única solución factible. La propuesta de la  Constituyente es un grave error,  que  no va a resolver el problema y le va a echar más leña al fuego.
Hay que parar esta barbarie que parece querer instalarse  definitivamente en nuestras vidas. Recomiendo al lector que lea con detenimiento la cita de Manuel Azaña sobre la guerra civil española. Nos puede servir de mucho, porque en este momento  el país tiene que superar los impulsos ciegos que nacen del odio y el miedo y producen los horrores que estamos viviendo.-

Las fresas de la amargura
 (04/06/17)
Viendo como la Guardia Nacional reprime a los estudiantes en los alrededores de la Universidad Católica Andrés Bello de Guayana, recordé la película de Stuart Hagman Las fresas de la amargura, que trata de la rebelión universitaria norteamericana en los años sesenta. Lo que allí se desarrolla tiene elementos coincidentes con lo que estamos viviendo en estos días: rebeldía juvenil,  indiferencia y apatía de un sector ante los problemas sociales, espectáculo noticioso que ahora alimenta las redes,  arrestos, y sobre todo represión, mucha represión.
La película  no se refiere a una protesta política como la que hoy estamos viviendo, pero al escuchar las intervenciones de los jóvenes en las asambleas que organizan  en la Plaza de la biblioteca de la Universidad, concluyo en que las fresas de la amargura todavía estas presentes.
En el año 2014 en pleno apogeo de la protesta juvenil, encontré un artículo en el diario El impulso de Barquisimeto, donde se hacía una comparación entre el tema de Las fresas de la amargura y  lo que se desarrollaba en aquellos momentos: “Veo, leo, escucho, y capto que en la motivación profunda hay una rabia básica. Un descontento elemental. Los jóvenes se amargan porque no ven futuro, sienten que las oportunidades se estrechan, que su futuro se va esfumando en la incertidumbre. Estudiar y graduarse, ¿para qué? Darle duro al trabajo ¿con qué propósito? La vida mejor que todos tenemos derecho a aspirar la ven remota y difícil. Si estudian, sienten que el título les valdrá de muy poco, que tendrán que seguir viviendo arrimados, que lo que ganen no les servirá para mejorar. Es lo que ven en sus hermanos mayores y en sus primos, ya graduados y sin capacidad de cambiar sus vidas. Por esos lados encontraremos la causa de la protesta. Eso no nació como una conspiración para tumbar al gobierno, y éste se equivoca si lo reduce a una maniobra política sin asidero. Jamás hubiera durado tanto si fuera artificial. Tampoco se acabará porque lo pacifiquen unos gestos. Subirá y bajará la llama del descontento, pero no se apagará completa mientras sus causas estén allí, ante nuestros sentidos. Protesta la amargura. El futuro ya no anda por ahí. Ya no parece disponible. Y eso, para un joven, es lo peor de este mundo. Esas son nuestras fresas de la amargura”
Cito estas palabras porque me parecen proféticas: la protesta no terminará hasta que no desaparezca las causas de la desesperanza juvenil. La protesta del 2014   no se apagó definitivamente porque quedaron brasas del descontento. Y ante la agudización de la crisis política los estudiantes salieron  nuevamente a la calle desafiando todo tipo de riesgo
Hay una manera muy superficial de analizar la protesta de los estudiantes. Se  habla de grupos manipulados por sectores políticos; otros los ven como gente inmadura que cae fácilmente en la trampa del vandalismo y otros los considera héroes que salvarán la patria. Pero hay mucho más: desde 1968 los jóvenes se convierte en un factor político de gran importancia. Su rebeldía surge siempre en momentos de crisis y grandes problemas sociales, produciendo cambios importantes en la manera de vivir.
Hoy los jóvenes están en la calle. Es indiscutible que muchos de ellos forman parte de los partidos políticos, pero el motor de su acción es la rebeldía de sus corazones, que se levanta desafiante contra todo lo que los amenaza. Es muy difícil sacarlos de la calle y creo que estarán allí hasta que desaparezca la amargura.
Me gustaría que los miembros de la fuerza pública se vean en el espejo de la película, para que se convenzan de que la represión no elimina la protesta juvenil, todo lo contrario,  la potencia, porque su insubordinación es como el viento que va y viene sin que se pueda  evitar. En los 19 años de historia de Ucab Guayana los rostros de la protesta en la universidad han cambiado, pero ella siempre está allí y se hace presente cada vez que la juventud se siente agobiada.
La semana pasada el Presidente de la República dijo que había dado instrucciones para acabar con las con las manifestaciones en un lapso de ocho días. Eso es muy difícil, porque como reza un viejo dicho, se puede reprimir o encarcelar a los hombres, pero no a las ideas. Ojalá que la luz del entendimiento ilumine a todos los venezolanos  y podamos poner fin a este conflicto absurdo que nos consume poco a poco.

Han pasado 46 años desde que  Las fresas de la amargura se estrenó en el Teatro Altamira de Puerto Ordaz. Debo reconocer que en aquel momento mi adolescencia intelectual no me permitía mayores profundidades analíticas, y me quedé con la banda sonora: un repertorio de canciones que marcaron toda una época. Hoy, al verla  nuevamente puedo hacer otras lecturas, y entender lo difícil que es comprender a los corazones  rebeldes que no aceptan la sumisión.
El viernes al salir de la Universidad me encontré que el campus estaba solo, los pupitres  estaban bloqueando las entradas a las aulas y una gran pancarta decía “basta de indiferencia”. La amargura se respiraba por todas partes. Entonces recordé la película y la mítica canción de Crosby, Stills &  Nash,  Long Time Gone que, palabras más palabras menos,   dice “Es un largo tiempo antes del amanecer”.-

Hambre, política y constituyente
 (11/06/17)
El jueves pasado asistí a un conversatorio que se realizó en la Plaza Chipia de Los Olivos, para disertar sobre la Asamblea Nacional Constituyente. Fue un evento ameno, sin mayores formalidades, donde los vecinos compartieron con abogados, líderes políticos, e inclusive, representantes estudiantiles, terminando la reunión con el lenguaje universal que a todos nos une: la música
Después de presentar mi opinión sobre el tema en discusión, se me acercó una persona que participó simplemente como oyente y me dijo: “El problema no es la constituyente,  el problema es el hambre del pueblo;  el retroceso más importante en materia de derechos no es solo electoral, porque no le hayan preguntado a la gente si quieren la constituyente, el gran problema es que cada día es más difícil comprar comida”.
El problema del hambre  no es nuevo ni exclusivo de este gobierno; es una tarea pendiente de la humanidad. Al escuchar este reclamo, recordé algo que leí en una conferencia que dictó Francisco Gómez del Castillo, en noviembre del 2008 en la Casa de Emaús de Madrid, sobre las dificultades de la gente para conseguir comida: “El precio de los alimentos en Haití subió un promedio de más del 40 % en menos de un año,  con los de primera necesidad como el arroz, duplicándose… En Bangladés  (a Finales d abril de 2008) unos 20000 trabajadores textiles tomaron las calles para denunciar el aumento de los precios de los alimentos y para demandar aumento de salarios. El precio del arroz se duplicó en el último año, amenazando a los trabajadores que ganan solo 25 dólares. En Egipto las protestas terminaron con dos muertos, cientos de arrestado, policías en las fábricas…Los alimentos  subieron un 40%. A principios de año en Costa de Marfil, miles de personas marcharon hacia la casa del presidente  Laurent Gbagbo cantando “Tenemos hambre y la vida es demasiado cara, nos están matando”
Y no se trata solo de países pobres, hasta en las capitales de los países más desarrollados nos encontramos con protestas por hambre y falta de comida. El problema es que en Venezuela la cosa se ha agudizado de tal manera que amenaza con convertirse en un trauma social incontrolable. Sin pretender invadir materias que no son de mi especialidad y, atendiendo a la información que me llega por las redes, observo que,  mientras el ingreso mínimo ronda los doscientos mil bolívares, la canasta básica está por encima del millón de bolívares. Esto,  a groso modo, y tomando como ejemplo a quienes están incorporados al trabajo formal; ni hablar de los desempleados o excluidos.
A este oscuro escenario económico, hay que sumarle una crisis institucional, donde la confrontación entre poderes genera el mayor clima de inseguridad jurídica que puede haber vivido el país. Veamos lo que dice la gente: “La fiscalía no reconoce a los magistrados del TSJ,  los magistrados no reconocen a la Asamblea Nacional,  la Asamblea no reconoce  al Presidente, y éste,  para remediar la crisis,  propone una Asamblea Nacional Constituyente que es rechazada por la mayor parte del pueblo” Y todo esto en medio de enfrentamientos y protestas que mantienen en vilo a todos los venezolanos. Es difícil que así se recupere la economía
Decía Bertrand Russell, palabras más palabras menos, que en las sociedades humanas, los problemas éticos tienen soluciones éticas, los problemas políticos soluciones políticas y los problemas técnicos soluciones científicas. El error es querer solucionar un problema moral científicamente, o un problema científico políticamente. Y es aquí es donde está el detalle: la economía es una ciencia, y si bien es cierto que la política puede apoyarla, los científicos no puedes ser sustituidos por los políticos. Por eso, vemos que los discursos o las medidas populistas no pueden parar la inflación. Se dice que la Constituyente va resolver los problemas económicos, pero no se explica cómo, cuándo y con quién. Por ahora el fracaso económico es evidente.
Esto es lo que le preocupa a la gente, y especialmente al oyente, que mientas se habla de derecho y de política no se le dice cómo va a hacer para conseguir comida o medicinas. Y si las consigue como va a pagarlas, si cada día los precios suben y los sueldos se quedan igual.
Cada vez que me invitan a estas charlas, al final surge la pregunta  ¿Qué hay que hacer? La respuesta es sencilla pero la acción complicada, porque la solución está en que todos los ciudadanos salgan a la calle a exigir acciones en favor del país, y no de parcialidades políticas. El problema que vivimos se debe a que la mayoría dejó en manos de los políticos el manejo de los asuntos públicos.
Voy terminar citando parcialmente A Fernando Savater, que en su libro Ética de Urgencia, dice al respecto: “Es muy importante abrir los ojos a que somos una sociedad cuyos asuntos públicos debemos gestionar entre todos. Se llama sociedad por eso, porque somos socios, y no hay ninguna empresa de la que te puedas desligar, no es conveniente dejarlo todo en manos de los ejecutivos, no es practico ni inteligente”…  Sobre la protesta dice: “Sirve para darse cuenta de que la política no es cosa negativa, un fastidio una pérdida de tiempo. Por un momento se dejaron escuchar frases como: “Yo no me meto en política”  “Que mala es la política”  “No, no, yo no me quiero poner en la política”  Los ciudadanos descubrieron que si no te metes en política, más tarde o más temprano la política se meterá contigo, que es lo que está pasando ahora, que la política se ha metido hasta en el comedor de las personas”
Y hasta aquí, estas reflexiones, producto de una conversación con un oyente, que quiere que le hablen más de la comida, que de la constituyente.-

¿Se perdió la democracia?
(16/07/17)
El próximo domingo 16, es decir, cuando el amable lector lea lo que hoy escribo, es posible que se esté realizando un acto inédito en la historia política del país, porque un importante sector de la sociedad civil organiza una consulta popular en contra de la voluntad del Consejo Nacional Electoral. Esto se hace invocando los artículos 333 y 350 de la Constitución Nacional, como un acto de desobediencia civil organizada contra la actuación del órgano electoral, que a juicio de los promotores de la consulta, ha cerrado las salidas democráticas a la crisis que vive el país.
En la acera de enfrente, es decir, el CNE, dice que garantiza el ejercicio de la democracia con la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente, donde los ciudadanos, según su opinión, podrán ejercer sus derechos. No voy a repetir las razones que se esgrimen para defender o rechazar la Convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente, porque creo que ya se ha disertado bastante sobre esto y, hasta los más legos, conocen los motivos de las partes. Voy a referirme más bien, a los demócratas y la democracia, porque en medio de tanto desconcierto político, surge la tesis de que ya no hay demócratas, y del mismo modo en que se perdió el poder adquisitivo de los ciudadanos, también se perdió la vida democrática.
Sobre la democracia y sus valores voy a repetir lo que he escrito en otras ocasiones, considerando que, es una conquista del hombre; una forma de gobierno donde el pueblo deja de ser una masa que hay que gobernar, para convertirse en un sujeto que gobierna. La democracia nació para oponerse a los gobiernos monárquicos, aristocráticos u oligárquicos.  Pero hay que aclarar  que  la democracia es mucho más que elegir gobiernos, es una manera especial de vivir, social e individualmente; ser demócrata es una actitud ante la vida.
La democracia no se agota con el acto de votación realizado al terminar los periodos constitucionales de gobierno; la democracia se ejerce cada día, viviendo y haciendo respetar los valores que la sustentan. Un demócrata es un hombre libre, que respeta la igualdad por encima de todo y practica y promueve la tolerancia.
Uno de los valores más importantes de la democracia es la libertad; en una sociedad democrática, los ciudadanos tienen derecho a construir y ser protagonistas de su destino, actuando dentro del marco de la Constitución y las leyes. La vida democrática de una sociedad es incompatible con la desigualdad y la discriminación, sea cual sea: no es demócrata quien desprecia al otro y divide la sociedad. Por último, el demócrata promueve la paz y la tolerancia en las relaciones de los ciudadanos por encima del conflicto y la confrontación.
Y siempre hay que volver sobre lo que debe entenderse por tolerancia. Con bastante acierto se afirma que lo fundamental para la democracia es la tolerancia, esto es: “El respeto y consideración hacia las opiniones o prácticas de los demás aunque sean diferentes a las nuestras”. Pero hay que tener cuidado con lo que entendemos por tolerancia. Cito unas palabras de Guillermo Hoyos: “Permanecer en pura tolerancia puede terminar en indiferencia y frivolidad: tolero tanto al otro que ni me interesa saber lo que piensa y lo que hace. La tolerancia se supera en la actitud de comprensión de los puntos de vista del otro, en el pluralismo razonable, que consiste en reconocer que los otros pueden tener otras concepciones del bien, de la moral, de la religión y de la vida, que tengan tanto sentido para ellos como mis propias concepciones para mí”.
Dicho lo anterior cabe preguntarse ¿Cómo está la salud de nuestra democracia? Lo primero que puede apreciar cualquier observador imparcial, es que el motor de la “política” no es la tolerancia sino el odio, un sentimiento que parece arraigarse en el corazón de mucha gente, al extremo de que consideran que la única solución a los problemas, es la destrucción del adversario político.
En segundo lugar, y de manera preocupante, se observa que el ejercicio de la libertad está limitado. Se pretende que el ciudadano no piense por sí mismo y decida libremente, tiene que alinearse ciegamente a las diferentes posiciones políticas sin derecho a disentir, para evitar ser acusado de traición.
Por otro lado, pareciera que vivimos en tiempos de Calicles, donde la fuerza pretende imponerse por encima de la razón, y solo los “más poderosos” tienen derecho a gobernar y sobrevivir.
Y para terminar este apretado diagnóstico, el respeto por el otro ha desaparecido, parece que el único derecho es el derecho a insultar. El lenguaje político tiene como “virtud principal” el arte de acusar y ofender.
Así la cosas, en un día como hoy, cuando la sociedad está dividida, al extremo en que las partes enfrentadas realizan actos electorales por separado, hay que concluir que nuestra democracia está enferma y hay que sanarla, y el remedio lo tienen los ciudadanos en sus manos.
Considero que lo más importante de la consulta que promueve la MUD, no está solo en demostrar quién es mayoría para vencer, sino enviar un mensaje claro, de que el país quiere recuperar la democracia para vivir en paz y esto tiene un solo camino, cumplir con lo que establece la Constitución.
Volviendo a la pregunta inicial ¿Se perdió la democracia?, el domingo se sabrá: si se impone el respeto y la tolerancia, podrá decirse que estamos mal, pero recuperamos el camino; de lo contrario, si la violencia impone su ley, habrá que darle la razón a quienes dicen que se perdió la democracia.-

La lucha por el derecho 
(25/07/17)
Este año,  el Día del Abogado tuvo un sabor  especialmente amargo: la situación del país, que reclama urgentemente  la reivindicación del  Estado de Derecho,  no permitió que la fecha se  celebrara  igual que en años anteriores. Los actos se limitaron a formalidades protocolares,  donde se destacó la importancia del profesional del derecho en la lucha por la justicia.  En la Ucab,  se realizó un foro dedicado a la reivindicación de la abogacía,  allí tuve la oportunidad de compartir  con los profesores Eligio Rodríguez, Roberto Delgado y Aiskel Andrade , un espacio para explicar,  por qué,  en medio de  esta  turbulencia general,  el derecho sigue siendo el mejor camino para alcanzar la felicidad Social.
Las redes sociales se encargaron de trasmitir la idea de que no había nada que celebrar, porque  el derecho, que siempre se presenta como el sendero a la paz,  irremediablemente ha desaparecido de nuestra vida,  siendo sustituido por el odio y la violencia.  Voy a dedicar este espacio para demostrar el error de esta afirmación.
En primer lugar, creer que el derecho es solo tarea de abogados es una equivocación. El derecho nunca desaparecerá,  porque forma parte de la naturaleza humana: hablar de derecho no es otra cosa que hablar de la dignidad del hombre,  que solo se alcanza cuando es respetado como una persona,   es decir, un sujeto de derecho. Por lo tanto,  la lucha por el derecho, que no es otra cosa que la lucha por la dignidad, nunca desaparecerá mientras exista la vida humana.
Por otro lado, creer que el derecho debe ser reino de la paz, donde el sufrimiento esté ausente,  es una ingenuidad. Decía el Ilustre jurista alemán, Rudolf Von Ihering, que, “El que crea que  los derechos se conquistan sin dolor, se parece al que cree que los niños los trae la cigüeña. Todo lo contrario, al igual que el parto causa dolor a la madre,  la conquista de los derechos siempre ha sido dolorida”. Lo que hoy disfrutamos ha sido el producto de arduas luchas de quienes no  se conformaron con una  vida de humillación y sometimiento. Decía el ilustre Ihering: “El fin del derecho es la paz, y el medio para logarlo es la lucha; una lucha donde deben estar involucrados los pueblos, el poder del Estado, los estamentos o clases y los individuos”
El célebre jurista Uruguayo Eduardo Juan Couture Etcheverry, dicta los inmortales mandamientos del abogado, que constituyen su hoja de ruta y lectura obligatoria en celebraciones como la de hoy. Solo voy a referirme a dos. Dice el cuarto mandamiento, “Lucha: Tu deber es la lucha por el derecho; pero el día en que encuentres en conflicto el derecho con la justicia,  lucha por la justicia”. Pero esto no se refiere a la violencia irracional,  es una lucha que debe estar marcada por la lealtad, la  paciencia y la tolerancia y,  sobre todo, la fe.
En efecto, dice el octavo mandamiento: “Ten fe en el derecho, como el mejor instrumento para la convivencia humana; en la justicia, como el destino normal del derecho; en la paz, como sustituto bondadoso de la justicia; y sobre todo, ten fe en la libertad, sin la cual no hay derecho, ni justicia, ni paz.
Pero como decía más arriba, la lucha por el derecho no es solo una labor de abogados, debe ser tarea de todo ciudadano.   Voy a poner como ejemplo a Rosa Parks, una humilde costurera,  que el primero de diciembre de 1955, se negó a cederle el asiento a un hombre  blanco, y por eso fue arrestada, convirtiéndose en el detonante de un gran movimiento por los derechos civiles en los Estados Unidos.  Por lo tanto, la lucha por el derecho es un compromiso moral,  que debe asumir todo hombre ante las humillaciones  que se producen contra la dignidad humana.
Hay que reconocer la mala situación que estamos viviendo,  sin caer en la tentación del pesimismo, porque el verdadero derecho por el cual se lucha, no es algo que tuvimos ayer y hoy perdimos,  no, el anhelado reino de la justicia está en el futuro y hacia allí tenemos que dirigirnos .
Esta idea,  está perfectamente reseñada en el Libro de José Antonio Marina y María dela Válgona La Lucha por la dignidad,  donde se afirma que, “La edad de oro de la humanidad jamás existió; aun al contrario, si en algún lugar del tiempo fuere posible encontrarla esta se hallaría sin duda en el futuro y no en un pasado sin nombre. Las sucesivas luchas contra la esclavitud, la discriminación  racial o de género o la arbitrariedad jurídica, demuestran contra la tentación del pesimismo, el progreso moral de nuestra especie. Aún queda mucho por andar, pero empezamos a conocer los mecanismos que pueden hacer realidad ese viejo anhelo de justicia Universal”
Creo que no hay mejores palabras para celebrar el Día Nacional del Abogado en el tiempo que nos toca vivir: el reino de la justicia está por venir;  pero esto no será gratuito ni placentero, todo lo contrario, para alcanzarlo y merecerlo hay que trabajar y sufrir.
Hay una frase que se repite en todas las manifestaciones,  ¿Quiénes somos?: Venezuela, ¿Que queremos?  Libertad.  Esto hace recordara Johann Wolfgang Von Goethe, “La libertad es como la vida, solo la merece quien sabe conquistarla todos los días”

El bar, las regionales y algo más
(20/08/17)
La última película de Alex de la Iglesia, El Bar, produce opiniones divididas entre los espectadores: para unos es un filme genial que desnuda las miserias humanas, para otros,  es mediocre y desagradable, solo apreciable por los ultras fanáticos del director. Creo que, sin llegar a la excelencia cinematográfica, es una buena película que mantiene en suspenso al espectador   y proyecta de una manera especial ese pesimismo antropológico que considera que el hombre es malo por naturaleza.
La trama se desarrolla en un café-bar del centro de Madrid: a primera hora de la mañana, un grupo de personas está allí desayunando; de repente, al salir uno de ellos es asesinado y otro que quiere acercársele corre la misma suerte. Los que quedan dentro del bar caen en la cuenta de que no pueden salir y deducen que todos están en peligro de muerte.
El primer sentimiento que invade a los circunstantes es el miedo por el peligro inminente; luego   aparece el desconcierto por no entender lo que está pasando, y  posteriormente la desconfianza entre ellos.  Empiezan a elucubrar, sospechando que la tragedia que está viviendo es por culpa de  uno de ellos que arrastra a todos a la muerte.
Aparecen las discordias, las divisiones y las agresiones, al extremo de que comienza a eliminarse unos a otros, hasta que los pocos sobrevivientes terminan tratando de huir por unas cloacas, que se convierten en la metáfora de una vida humana sin moral, gobernada por la “ética” del sálvese quien pueda y al precio que sea.
Tal vez, la más acertada descripción de la película está en esto que dice la crítica: “el bar es básicamente, la historia de un montón de imbéciles haciéndose cosas horribles entre sí para escapar de una segura muerte, muchos de ellos, literalmente, hundiéndose en la mierda”. No quiero decir que lo anterior sea el fiel reflejo de la realidad venezolana, pero si vemos el comportamiento de algunas personas, especialmente en la política nacional,  pereciera que hay mucho “barcito” en ese terreno.
El debate que se desarrolla en la oposición por la participación en las elecciones regionales, está muy lejos de lo que se conoce como política de altura: hay más insultos, soberbia e intolerancia que argumentos y prudencia.  Ni siquiera las llamadas, primarias  entre “aliados” se desenvuelven  con el necesario respeto de quienes dicen formar parte de una unidad. He visto a líderes políticos sentarse juntos amistosamente mientras no se discuten el poder, pero cuando se enfrenta para obtener un cargo comienzan a sacarse los trapos sucios. Porque parece que en nuestro país esa es la única manera de hacer política. ¿O será que la política enloquece a la gente?
Y qué decir del gobierno: promueve e instala una  cuestionada Asamblea Nacional Constituyente,  promocionándola como la solución pacifica de los problemas nacionales, y en tres semanas de funcionamiento no  hay propuestas ni acciones para combatirlos;  sin embargo,  ya hay varios perseguidos y detenidos, y  una pelea permanente con el Parlamento que, como solo tiene poder formal, se está quedando en terapia intensiva.
Pero  el problema no es solo la insensatez política,  la cultura ciudadana de los habitantes está desapareciendo: no hay norma que se respete; los semáforos de la ciudad son decorativos, la basura ya forma parte de nuestra vida, el derecho de propiedad no existe.  Y así podría estar citando numerosos ejemplos que nos colocan en el reino de la anomia.
Estaba terminando este artículo, cuando las redes sociales trasmitieron la imagen de una especie de hurto o saqueo en un supermercado de Lecherías en el estado Anzoátegui. Las escenas son patéticas: entran dos individuos y encañonan a la propietaria e inmediatamente muchas personas, especialmente mujeres jóvenes y niños irrumpen a la carrera tomando todo lo que encuentran. Los comentarios no se hicieron esperan manifestando indignación, tristeza e ironía: “Así está Venezuela” “Esta es la  generación del futuro” etc.
Sé que comparar la metáfora de la cloaca de Alex de la Iglesia y su bar, con nuestra situación puede ser duro e injusto con las personas que heroicamente se comporta de manera civilizada en medio de esta barbarie. Pero callar no es el mejor remedio; no podemos acostumbrarnos a una realidad que nos está destruyendo: la economía se puede recuperar, las instituciones pueden mejorar si se soluciona la crisis política, pero ¿cómo sanar las heridas que se le han causado a la moral ciudadana? Esto va a ser mucho más difícil y es posible que necesitemos más de una generación para lograrlo.
Como dije al principio, las opiniones sobre El bar están divididas. A mi esposa le pareció una de las cosas más horribles que ha visto últimamente. Y la verdad es que la película no es la apología  de la ternura y la belleza,  ni puede considerarse como candidata a los concursos cinematográficos, pero toca lo que algunos no quieren tocar: las miserias humanas. Que existen y lamentablemente entre nosotros, se están reproduciendo constantemente a todos los niveles.-

La política: el reino de las mentiras
 (27/08/17)
Al leer el artículo de Alois Riklin Ética y Política, queda la idea de que una de las cosas más perversas que ha producido la humanidad es eso que hoy se conoce como “la política como profesión” Es decir, ejercer la política como sustento económico de la vida. Y debo aclarar que, constantemente he repetido la afirmación de Aristóteles de que el hombre es un animal político, porque estoy de acuerdo en que el ciudadano actual debe involucrarse activamente en los asuntos públicos,  para contribuir al mejoramiento de la vida social; Eso es una cosa, y otra muy diferente es pretender dirigir a una sociedad a base de manipulaciones mentirosas y falsas promesas.  A eso se refieren estas líneas.
La incursión al pensamiento de Riklin no es producto de la frustración por el momento que vive el país, sino una reflexión serena sobre la lectura de un trabajo que pretende iluminar la oscuridad que reina en el mundo político. La tesis en cuestión, divide el problema en tres temas que denomina, los tesoros de la ética política en la civilización occidental; estos son: Ética política orientada a las personas, ética política orientada a las instituciones y ética política orientada a los resultados.
La ética personalista parte de la idea de que lo importante son los hombres, como decía William Penn: si los políticos son buenos, consiguen imponerse aunque las instituciones sean malas; pero si son malos, tampoco las buenas instituciones sirven para nada.
La ética de las instituciones no confía absolutamente el timón del destino social a la bondad de los hombres, sino que se ocupa de controlar la maldad humana, sobre todo la que produce los abusos de poder. Y así aparece los grandes inventos de la humanidad: las leyes, la constitucionalización de la vida social, la división de los poderes etc.
Por último se analiza la ética de los resultados, que considera como bondad política la que produce el mayor beneficio a las personas: “¿De qué sirven los catálogos de virtudes, y las construcciones institucionales cuando, no obstante, producen unos resultados cuestionables?” En efecto, de nada vale tener excelentes líderes y la mejor constitución del mundo si el pueblo  vive sumergido en la pobreza.
Lo ideal sería un equilibrio entre políticos virtuosos, solidas instituciones y buenos resultados, cosa difícil de encontrar  en la realidad nacional: los políticos están altamente cuestionados y difícilmente puede ser vistos como hombres virtuosos; las instituciones están en estado ruinoso: no se cumplen las leyes, ni cree en el funcionamiento de los órganos de la administración, legislación o jurisdicción; y que decir de los resultados, la gente está pasando trabajo como se dice coloquialmente.
No hace falta ser un genio para saber que la gestión política nacional ha fracasado. Sin embargo, esta realidad no se quiere reconocer y se apela constantemente a la mentira, tanto por el gobierno como por la oposición. Y eso se debe a la cuestionada manera de hacer política donde la verdad es constantemente sacrificada por la conveniencia.
 Riklin termina su artículo concluyendo entre otras cosa lo siguiente: “Cuando más penetramos en los problemas de la ética política tanto más se convierte nuestra indagación en el cuento de nunca acabar y nos sorprendemos pensando en la distinción vulgar entre ciencia, filosofía y política. Ciencia es cuando alguien, con los ojos vendados, busca un gato negro en una habitación oscura. Filosofía es cuando alguien con los ojos vendados busca un gato negro en una habitación oscura donde no hay ningún gato. Ética política es cuando alguien, con los ojos vendados buscan un gato negro en una habitación donde no hay ningún gato y, sin embargo, exclama ¡lo tengo!”
Ese es el gran problema, el “gato” no existe. Por eso, cada vez que me acerco a la ética política, regreso a la filosofía donde se duda pero no se engaña. No queremos reconocer la tragedia de nuestra civilización occidental, que hipócritamente se empeña en ocultar que su principal ocupación es el asesinato y el engaño como acertadamente señala Ambrose Bierce.
Así están las cosas en nuestro país y en el mundo ¿Qué posibilidades tenemos de sobrevivir? Sobre este tema escribiré en próximos artículos.
Conclusión
Hasta aquí la recopilación de las meditaciones. Es posible que algunas ideas se repitan y se presenten contradicciones, porque he sido fiel al sentimiento del momento. Hoy las cosas no pintan bien para el país: la realidad parece reírse de lo absurdo de la conducta humana y especialmente el desacierto político. Venezuela se ha convertido en un país donde solo impera la lógica de la supervivencia: solo se piensa en sobrevivir, cuando una política racional podría convertirla en un país competitivo que nada tendría que envidiarle a los países vecinos que ahora se lleva a su gente especialmente a sus talentos.