En definitiva, son seres en los que habita una profunda negación del mundo. Vila-Matas lo relaciona con la literatura, considerando a los seres que pueden escribir pero se niegan a hacerlo. Yo lo relaciono ahora con el problema de la inteligencia artificial, cuando los seres que pueden pensar se niegan a hacerlo.
«Pienso, luego existo», dijo Descartes; pero ahora, como no necesito pensar, es posible que poco a poco deje de existir.
Y esto trasciende la intelectualidad académica para presentarse hasta en las conversaciones de la vida ordinaria. El otro día conversaba con un conocido sobre los problemas de la cotidianidad y no podía desarrollar una idea propia sin la ayuda de Gemini.
El síndrome de Bartleby es un peligro permanente que hace que el hombre no aproveche las oportunidades que le ofrece la vida y su existencia se reduzca a una negación absoluta.
Por el camino que vamos, no sería raro que en el futuro, cuando un profesor le pida a un estudiante que razone su respuesta, este conteste como Bartleby: «Preferiría no hacerlo».


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