lunes, 16 de julio de 2018

Tras las Huellas del Hermano Korta s.j





El pasado miércoles 11 de julio, se cumplieron cinco años del accidente donde perdió la vida José María Korta Lasarte s.j,  un hombre que dedicó su vida a la defensa de los derechos de los indígenas, fundador de la Universidad Indígena del Tauca y de la  Asociación Civil Causa Amerindia Kiwxi.  Hablar del Hermano Korta no es fácil,  porque no fue una personal fácil;  por lo tanto, limitarse a describir sus obras sin hablar de sus ideas y su carácter,  puede conducir a ocultar lo que realmente fue.

Korta fue un misionero, es cierto; como miembro de la Compañía de Jesús realizó un recorrido misional de más de cuarenta años con los indígenas, pero lo hizo desde una visión crítica de la cultura occidental y una filosofía radical sobre el sentido de la vida. En las numerosas conversaciones que tuvimos sobre la problemática indígena, decía cosas que molestaban a quienes no lo comprendían: “El mundo de donde ustedes vienen no les permite ver la situación real de los pueblos indígenas”.

En efecto, Korta era una buena persona, muy incómoda, porque decía las cosas en forma clara y directa. En conferencia que puede consultarse,  en internet, comienza denunciando que,  para él,  el capitalismo es el colonialismo de este tiempo que destruye la cultura de los pueblos originarios; elogia la forma como el Proceso Bolivariano reconoce los derechos de la cultura indígena  en la Constitución, pero acto  seguido,  critica el hecho de que la política gubernamental no ha cumplido con lo que dice la carta magna.

Su compromiso y valor quedó demostrado en muchas  acciones, como la huelga de hambre en que se declaró en el año 2010, reclamando los derechos del Cacique Sabino Romero y otros indígenas Yukpas a ser juzgados de acuerdo a sus leyes y costumbres,  y el pronunciamiento titulado “Bendigo y Maldigo” que cito breve y textualmente: “BENDIGO El significativo Capítulo VIII de Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, CRBV; la Ley Orgánica de los Pueblos y Comunidades Indígenas LOPCI y demás Leyes aprobadas durante la V República. MALDIGO La política del Ministerio del Poder Popular para los pueblos Indígenas que no ha trabajado en instrumentalizar y hacer posible la aplicación de la CRBV y LOPCI y demás leyes aprobadas durante la V República, siendo la demarcación de sus tierras y hábitat una asignatura pendiente . BENDIGO La decisión del Presidente Chávez de responsabilizar a una institución gubernamental para resolver los cuantiosos problemas pendientes en la aplicación de la CRBV y la LOPCI y lograr su afirmación cultural y autonomía, dignificando sus retos creativos, siendo sujetos de su historia. MALDIGO La acción contradictoria del Ministerio del Poder Popular para los Pueblos Indígenas MPPPI al usufructuar esa Institución, creada para la afirmación cultural de los pueblos indígenas y para definir los mecanismos de la aplicación de la CRBV y la LOPCI, como trampolín al poder institucional y financiero. En realidad el equipo del Ministerio ha contribuido, con sus mecanismos de regalos injustificados a la división de los pueblos y, convertirlos en mendicantes sin dignidad…  (Párrafo tomado de https://www.aporrea.org/actualidad/n208616.html).
Otro detalle para seguir las huellas reales del hermano Korta,  se puede apreciar en que,  cuando funda la Causa Amerindia, toma como epónimo,  el nombre de Kiwxi, con el que se conocía al misionero español Vicente Cañas,  (el jesuita que se volvió indio) que fue asesinado en 1987 en el Mato Groso brasileño por defender los derechos  del pueblo  Enawene-Nawe.  Conocer a Vicente Cañas puede ayudar a entender el drama indígena y la lucha que se libra en ese sentido; su nombre como referencia en la Causa Amerindia, es un mensaje claro de lo que quería Korta con esa asociación. 

En una visita que hice  hace años al  Caño Tauca,  acompañado de amigos del hermano Korta, para compartir con él lo que luego se convirtió en la Universidad Indígena,   en un paseo mañanero, me decía -palabras más palabras menos- “El indígena,  en medio de su hábitat natural y con muy poquitas cosas,  puede hacer algo que es casi imposible para el criollo: ser feliz”.

Tema aparte era su idea de Dios: Jesús estaba siempre presente en su vida,  pero el Jesús del Evangelio no la imagen que construye la teología posterior. Dicen sus allegados que al morir llevaba un libro del sacerdote José Antonio Pagola, un teólogo contemporáneo que plantea la revisión de la fe católica con lo que denomina “la vuelta a Jesús”.

Esta es de manera muy breve la imagen que tengo del Hermano Korta s.j. Se puede estar de acuerdo o en desacuerdo con sus ideas, pero hay que reconocer que su vida fue un ejemplo de honestidad y coherencia entre lo que se cree internamente y o que se hace externamente. Y ahora que se escribe mucho sobre los héroes de la Amazonia y el indigenismo,  creo que es importante ir tras las huellas de ese hombre que vivió, luchó y murió en estas tierras, con la esperanza de que algún día los pueblos originarios recobren la dignidad perdida.- ( twitter @zaqueoo)



Vida y mujeres de Castillito en los años sesenta




 Allá por los años 60, vivía yo en Ciudad Bolívar y vine a pasar unas vacaciones a casa de unos amigos que habitaban en la calle principal de Castillito. En aquel momento, esa calle, que todavía no era avenida,  era una vía importante porque conducía al “paso de la Chalana” que llevaba a San Félix.  Mis anfitriones eran los padres de un amigo de la infancia, tiempo en que se comparten los juegos y las fantasías y, obviamente, para eso era las vacaciones. De las cosas que siempre recuerdo de aquellos días, era que la madre de mi amigo nos decía “Niños puede salir a jugar a la calle,  pero si ven mujeres métanse para adentro”.

Al pasar los años, y compartiendo anécdotas con los pioneros de ese sector de la ciudad, entendí la razón del “consejo”, producto de moralidades  que hoy nos puede parecer absurdas. El cuento es que,  en los años cincuenta, cuando empezaban a construirse las instalaciones de la Orinoco Mining Company  y el urbanismo de Puerto Ordaz, hacia el sector que hoy se conoce como “Los Monos”,  empezó a llegar gente que, esperado conseguir trabajo se instaló allí, fundándose lo que hoy se denomina “Castillito”. Para atender las necesidades de aquellas personas, llegan comerciantes de todo tipo, entre ellos, los dedicados a las ofertas del placer. Por eso, en la década de los 50, aquel lugar estaba lleno de bares: desde el simple restaurante hasta el más sofisticado burdel.

Pero en los años 60 la situación cambia,  y esa especie de campamento improvisado se convierte en lugar de residencia de muchas familias, e inclusive, clubes sociales como La Hermandad Gallega. Ante esa realidad, el gobierno decide sacar los “bares”,  trasladándolos a las afueras de la ciudad, convirtiéndose Castillito en un sector comercial y residencial. El problema es que, a pesar de esa medida gubernamental de “ordenamiento”, siempre quedó la sospecha de que muchas  meretrices se quedaron a vivir por allí. Por eso se veía con ojos  de duda a las mujeres que caminaban por la calle;  un prejuicio absurdo que pronto desapareció.

Puedo dar fe,  de que en aquellas vacaciones que estoy comentando, la calle principal de Castillito tenía una vida sencilla, sin mayores problemas,  e inclusive, más agradable que ahora. El tráfico era constante por los vehículos que iban y venían de San Félix; por la mañana el comercio ponía en movimiento al sector;  por la tarde llegaban los trabajadores a refrescarse y tertuliar;  al anochecer salía la gente a pasear un rato -  porque se podía pasear por allí- y después a dormir. Así más o menos era un día en Castillito.

El entretenimiento principal era el Cine Lorena, propiedad de la familia Blasco, donde proyectaban diariamente películas mejicanas de humor y aventuras, además de los famosos dramas de Libertad Lamarque. Para nosotros era lo máximo, y siempre estábamos pendientes, de la cartelera para pedir que nos llevaran al cine, lo que se lograba siempre con condiciones previas: hacer caso a los mayores, cortarse el pelo en barbería Roma, -creo que así se llamaba- ayudar a restrillar el patio etc.  En los meses de julio y agosto,  cuando llegaban las lluvias a la ciudad y el rio crecía, no podíamos ir  a bañarnos a los pozos del  Cachamay, solo pasear por la orilla y sacar pececitos de los remansos  con unas botellas vacías llenas de pan.

Estos  son recuerdos escritos al regresar de un evento organizado  por Evelio Lucero para rendir homenaje a Rafael Mendoza,  en el día en que se conmemora la fundación de Ciudad Guayana: un acto de justicia para el “arquitecto de la Llovizna” –como le dicen algunos-  que entregó su vida a la conservación de nuestros parques. Además, una manifestación de cariño hacia esta urbe y una prueba más de que la ciudad está viva, porque  a pesar de que le han quitado muchas cosas y ha perdido la alegría,  permanece intacta en los corazones de quienes la quieren y no la dejan morir.

El año pasado, por estas fechas,  escribí un artículo que titulé   Puerto Ordaz era una fiesta, después escribí sobre Villa Colombia, Villa Brasil y ahora Castillito, su vida y sus muchachas.  Hay lectores  que preguntan, ¿Por qué escribir de esta ciudad? ¿Por qué quererla?. Para responder, voy a citar a mi amigo, el poeta Francisco Arévalo que, con motivo de los cincuenta años de Ciudad Guayana,  escribió un artículo titulado  Palabras de Sollado, que termina así: “Como no querer este trozo de tierra contradictorio, donde unos llegan con la relación prostibularia en la frente y otros se dedican silenciosamente a darle forma y contenido a una ciudad de características atípicas, entre lo señorial y lo herrumbroso, entre la duda y lo certero. Un lado sometido a la cosmetología urbanística y otro que sobrevive al olvido…Para terminar yo amo esta ciudad porque me da la gana… como olvidar los panas disímiles que frecuento y las mujeres que me han habitado en estos parajes de hormigón”.

¿Por qué escribir de esta ciudad? Lisa y llanamente, porque escribir de esta tierra es escribir de nuestra vida, del cariño hacia ella, y también, como dijo el poeta,  porque me da la gana de hacerlo.- (twitter @zaqueoo).-



domingo, 28 de enero de 2018

La muerte encefálica y sus problemas (I)


Uno de los problemas que causa insomnio a los estudiosos del derecho, es la situación  jurídica en que se encuentran las personas afectadas por muerte encefálica. Esta, ha sido definida por la ciencia médica, como el cese irreversible de las funciones cerebrales en el hombre. En consecuencia, no tiene conciencia, no piensa, no habla no puede alimentarse; consideran los médicos que en esta situación,  aunque respire y conserve algunas funciones, la persona está irremediablemente muerta, y así debe ser declarado legalmente.   
En Venezuela, el artículo 25 de la Ley Sobre la Donación y Trasplante de Órganos, Tejidos y Células en Seres Humanos, establece: “Para los efectos de esta Ley, la muerte según criterios neurológicos, podrá ser establecida en alguna de las siguientes formas: 1. La presencia del conjunto de los siguientes signos clínicos: a. Coma o pérdida permanente e irreversible del estado de conciencia. b. Ausencia de respuesta motora y de reflejos a la estimulación externa.  c. Ausencia de reflejos propios del tallo cerebral. d. Apnea. La muerte encefálica, según criterios clínicos neurológicos, se establece legalmente, cuando así conste en declaración certificada por tres médicos o médicas que no formen parte del equipo de trasplante.”

Ahora bien, ¿la muerte  encefálica puede tener el mismo efecto jurídico, que el cese absoluto de funciones vitales, como ocurre con lo que podríamos denominar la muerte pura y simple? Aquí las opiniones están divididas. Hay quienes consideran que si,  y en consecuencia, desde el momento en que se declara la muerte encefálica, los poderes otorgados por la persona cesan, del mismo modo que su condición de parte en los juicios, e inclusive,  debe abrirse el proceso sucesoral. Pero por otro lado,  hay quienes rechazan esta tesis, y consideran que debe aplicársele un régimen jurídico parecido al de los entredichos o inhabilitados, designando  tutores o curadores al “paciente” hasta que muera definitivamente. Pero la cosa no es tan sencilla como parece, y para demostrarlo, voy a citar el caso de la mujer que estaba hospitalizada con un diagnóstico de muerte cerebral y fue embarazada por un camillero del hospital.

De manera resumida y,  sin identificar a las partes,  les cuento que, una mujer que a  consecuencia de un accidente de tránsito quedo “muerta cerebralmente”, sorpresivamente para sus familiares,  “salió en estado” como se dice coloquialmente,  porque un camillero del hospital tuvo un ayuntamiento carnal con ella. Descubierta la situación,  la Fiscalía del Ministerio Público  acusó al camillero de violación,  y en una sentencia absurda e incomprensible para el ciudadano común, pero con cierta lógica, desde el punto de vista jurídico, el tribunal lo absuelve, con el argumento de que no se puede violar a una persona muerta. Voy a citar parcialmente la sentencia
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“En el caso concreto, el delito de violación impropia prevé como bien jurídico la libertad sexual, y la libertad sexual solamente puede tenerla una persona viva…  En el caso se trata de una persona que la Ley General de Salud, en el Artículo 343, precisa que está muerta porque tiene muerte cerebral. Si la persona tiene muerte cerebral, no tiene potencialidad para ejercer su libertad sexual. Y si no tiene potencialidad para ejercitar su libertad, entonces no existe bien jurídico tutelado…  “Este Tribunal, obviamente, no está de acuerdo con la conducta del imputado El señor tuvo ayuntamiento carnal con alguien que jurídicamente se considera muerta. La misma Ley General de Salud, en el Artículo 346 precisa que a los cadáveres se les debe el máximo respeto. En congruencia con esto, la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en Tesis Visible 236801, ha señalado que estas conductas se tratan de profanación de cadáveres, pero no actualizan una violación. No se pasa por alto que en la Quinta Época se hablaba de que la muerte era la extinción de todas las funciones vitales. Sin embargo, el conocimiento de la ciencia en la actualidad, hoy por hoy, se habla de que la muerte de una persona se considera con la sola extinción de la función cerebral. En consecuencia, por mayoría de votos, se dicta veredicto absolutorio…” (Fin de la Cita)

Esta decisión, que a la luz del legalismo básico puede considerarse acertada, deja muchas dudas al respecto. No voy a discutir los avances de la ciencia médica, y si ella dice que la muerte encefálica o cerebral, equivale a la muerte definitiva, no pienso polemizar en este tema. El problema es que en el derecho hay una diferencia entre la persona física de carne y hueso y el sujeto de derecho a  quien el ordenamiento reconoce la titularidad de derechos y deberes. No pretendo explicar aquí le teoría de la imputación de Kelsen (muy criticado y poco leído) solo colocar el acento en la duda, para llamar a atención sobre la magnitud del problema.

El tribunal considera que el imputado debe ser absuelto, porque no puede ser condenado por violar a un cadáver; de acuerdo, pero los cadáveres no quedan embarazados, por lo tanto,  el argumento no puede ser aplicado con tanta exactitud al caso concreto; tampoco me gusta la explicación de que no se ha violado el bien jurídico tutelado,  que en este caso, es la libertad sexual, porque tener ayuntamiento carnal con una persona que no puede expresar su voluntad, sobre si acepta o rechaza el acto, más que un eximente debería ser un agravante.

No discuto la tesis de que toda representación de una persona a quien se le ha diagnosticado muerte encefálica debe cesar, pero hay funciones que permanecen y son inherentes a la esencia de lo humano, como es, en el caso que nos ocupa, la de procrear. No es posible definir a una persona humana si nos colocamos solamente desde el punto de vista de su realidad física. Como decía Recasens: “… la persona humana no es una cosa, sino que es algo solo comprensible a la luz de una idea ética, o,  mejor dicho, de los valores y su realización, especialmente de los valores éticos”.

La semana pasada,  algunos amigos abogados, me sugirieron en los pasillos de los tribunales, que escribiera más sobre los problemas del derecho. Cumplo con dejar este tema para la reflexión,  y por eso acompañé el titulo con el número (I),  porque la cosa continuará. (twitter @zaqueoo)  




El televisor de la discordia

Los conflictos humanos muchas veces se producen por cosas absurdas. Esto fue lo que le pasó a un vecino de esta querida Ciudad Guayana, por  querer ser el primero en disfrutar de la televisión a color en su barrio. En efecto, cuando se iniciaba la década de los años setenta, en Venezuela no había trasmisiones de televisión a color, teniendo que conformarse los televidentes con ver las cosas en blanco y negro. Más o menos, entre los años 72 y 73,   comienzan a llegar al país los primeros televisores a color que, demás está decir, no estaban al alcance de todo el mundo. Por eso, en 1974, el  entonces presidente de la república Carlos Andrés Pérez, decidió prohibir las trasmisiones  de televisión a color, hasta que todos los venezolanos pudieran tener un  aparato a colores.

Pero como siempre ocurre ante las prohibiciones legales, el ingenio humano se las arregla para evadirlas. Y así los técnicos inventaron unos filtros que permitían ver la televisión  a color, para escapar de aquella orden dictatorial,  que obligaba a todos a ver las cosas en blanco y negro. Esto llegó  a oídos del vecino arriba mencionado, que no escatimó en gastos ni esfuerzos hasta que se compró un “televisor a color con filtro”.

La llegada del televisor a la casa fue un acontecimiento familiar y vecinal: de la noche a la mañana el hombre se convirtió en el personaje más importante del barrio, porque en algunas ocasiones sacaba el mágico aparato al porche de la casa, para que los vecinos disfrutaran  de la pantalla a color.  Así, sus amigos colindantes, vieron  el combate entre George Foreman y Mohamed Alí,  el 30 de octubre de 1974 en Kinsasa (Zaire), y muchos otros eventos míticos de aquella década, en que se pasaba trabajo, pero no se sufría tanto como ahora.

Pero la cosa se complicó cuando la esposa se quejó, diciendo que “ese no podía ser el televisor del pueblo”.  Entonces  se acabaron las “sesiones nocturnas de televisión a color al aire libre” quedando el aparato para el uso exclusivo de la familia en la sala de la casa. Desde ese momento, el apreciado vecino fue visto como un ser  egoísta y desconsiderado,  que no merecía ni el saludo de quienes antes eran sus amigos.

Pero los problemas del televisor no terminaron allí, porque  a pesar de que solo había dos canales, no había acuerdo familiar para que todos vieran el mismo programa al mismo tiempo. Y así empezaron las  peleas entre los hijos, la esposa y su marido, cosa que hizo que este se enojara  y se llevara el televisor a su cuarto para disfrutarlo él solo. Las relaciones se hicieron tan tensas que hasta la abuela un día exclamó: “Bendito televisor, en mala hora lo trajeron a esta casa”

Así siguieron las cosas en una sociedad dividida entre los pocos que tenían estos televisores a color “ilegales” y los ciudadanos honestos que seguían su programación en blanco y negro. La situación llegó a su fin, cuando en 1979 el gobierno de Luis Herrera  levantó la prohibición,  y en los 80 comenzaron las transmisiones de televisión a color. Entonces el mercado se llenó de todo tipo de marcas, que se vendían a los ciudadanos de a pie,  a crédito y con grandes facilidades de pago.

Como puede ver el lector, este domingo cambié el estilo: del artículo de opinión tradicional,  pasé a este articuento, basado en un hecho real,  maquillado con toques de ficción, para reflexionar sobre lo que nos divide y no nos permite vivir en paz. Según la abuela  de la anécdota,  la culpa fue del televisor  que sembró la discordia,  convirtiendo al buen padre y vecino en un ser más despreciable que el avaro de Dickens. Pero la conclusión no es tan fácil: las cosas no son buenas ni males,  lo perverso sale de los corazones de los hombres que siempre buscan excusas para no reconocer su incapacidad para controlar la avaricia, la envidia o el odio,  que es lo que verdaderamente hace daño.

Si los jóvenes de hoy se molestan en leer este  artículo hasta el final,  y están viendo la televisión al mismo tiempo, entérense de que en el pasado las imágenes a color estuvieron prohibidas por motivos sociales, -según dice la historia-  cosa que en aquellos tiempos trajo sus problemas. Hoy todo eso está superado por la revolución tecnológica, que nos regala la posibilidad de poder disfrutar de cientos de canales por cable con alta definición y hasta en tercera dimensión. El problema es que la tecnología no nos ayuda a corregir las bajas pasiones del hombre: llegó la televisión a color pero la discordia permanece, y parece que es para siempre.- (twitter @zaqueoo)




Sobreviviendo

De acuerdo con el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española,  la palabra sobrevivir significa: 1ª Vivir después de la muerte  o de un determinado suceso o 2ª  Vivir con  escasos medios o en condiciones adversas. Esta palabra se ha convertido el algo común en el saludo de los venezolanos en este comienzo de año. Ante la pregunta o formula de cortesía ¿cómo está usted? la repuesta que se generaliza es “sobreviviendo”. E independientemente de que se conozca en detalle  lo que dice el diccionario, la palabra refleja la realidad, porque ciertamente la gente está viviendo en condiciones  muy dificultosas.

La inflación desbordada y alocada, además de poner en peligro la existencia de muchas personas, que se ven privadas de lo indispensable como es la comida, está acabando con la forma de vida de mucha gente, especialmente de los profesionales. Me decía un contertulio universitario que  en este momento es difícil que el salario de un profesional alcance para cubrir la canasta básica, y eso explica que se vayan a otros países o se dediquen a hacer cosas diferentes a la carrera que han estudiado, generándose un grave problema tanto individual como social.

La profesión es mucho más que una solución para resolver el problema económico. Dice José Francisco Juárez Pérez,  en la presentación a una publicación de la Universidad Católica Andrés Bello, sobre ética profesional que, “la profesión es un modo de vida que busca el perfeccionamiento constante del ser humano a través de la ética y los valores” .Esto es lo que distingue el auténtico desempeño del profesional de la simple rutina de trabajo que busca obtener recursos de cualquier manera para poder sobrevivir.  El ejercicio de la profesión le da sentido a la vida del profesional; sentido que se pierde cuando tiene que dedicarse a otra cosa.

Pero además del problema individual,  los profesionales cumplen una importantísima función social al colocar su experticia al servicio de los problemas de la gente. La sociedad necesita médicos que curen enfermedades, ingenieros que construyan, abogados que legislen y defiendan adecuadamente a los justiciables etc. En consecuencia, cuando la profesionalización está en peligro de desaparecer, como ahora está ocurriendo,  la vida social está en peligro, porque no se garantiza el derecho de acceso a los avances de la ciencia. Esto no es una especulación tremendista, es un problema real que tiene que atenderse de inmediato.

Y lo más grave es que,  en general, más allá de lo profesional,  el trabajo del hombre, que desde tiempos inmemoriales ha sido la forma de “ganarse el pan” ha perdido su valor,  afectando seriamente tanto la economía como la moral social. La mayor tragedia que puede sufrir un pueblo, es que su gente no pueda vivir con  el producto de su trabajo.  Así estamos y no se ven soluciones por ninguna parte; vivimos en un laberinto donde es difícil orientarse para alcanzar la salida.

Por eso, volviendo al principio, todos estamos sobreviviendo, tratando de continuar la vida en medio de dificultades que cada día aprietan más. El peligro es la resignación; acostumbrarse a sufrir sin luchar para salir de la adversidad. Entiendo perfectamente  que hoy se piense primero en el problema personal y después en el social, aunque es difícil separarlos, porque solo en una sociedad que funciona puede haber bienestar individual. Y por aquí puede estar la solución aunque suene utópica: solo el despertar del espíritu del pueblo puede revertir la tragedia.

Independientemente de sus miembros, los pueblos tienen unos rasgos comunes e inmutables que constituyen una característica o espíritu nacional. Venezuela también los tiene, y hay que buscar allí. El despertar del pueblo no tiene nada que ver con guarimbas o saqueos, es una acción colectiva que obligue a colocar los intereses de la gente por encima de todo. Las necesidades están claras y las prioridades también. Hay que cambiar el tiempo de las palabras por el de las soluciones y llegar a acuerdos nacionales sobre lo urgente.

Hoy quiero ser muy parco para no caer en la banalidad o en la demagogia: estamos sobreviviendo y tenemos que remar todos para que la calamidad termine. Ese es el deseo,  cambiar de verbo, porque todos los venezolanos –más que sobrevivir- tenemos derecho a vivir.-  (@zaqueoo)













No es un mundo para viejos



El irrespeto juvenil fue uno de los primeros temas de tertulia en este inicio de año. Tomando un café con el Padre Sabino, comentamos el caso del profesor uruguayo que renunció a su trabajo porque no soportó el irrespeto de los alumnos hacia su persona. El docente cuenta su amarga experiencia por las redes sociales, y el asunto se volvió “viral” cuando otros comienzan a contar experiencias similares difíciles de creer a una mentalidad tradicional,  que ve con asombro que, en las aulas universitarias, se ha instalado la “costumbre” de que los alumnos, en vez de atender al profesor se dediquen a  consultar o enviar mensajes por el celular, en claro irrespeto a la persona del docente  y a la enseñanza académica que parece importar poco o nada.

Pero el problema no es solo que el respeto como valor moral esté desapareciendo de la vida  del hombre de hoy, lo más grave, es que muchas personas, e inclusive un sector de la intelectualidad pretenden justificarlo,  hasta llegan a verlo como algo normal.
En más de una ocasión, ante el lamento de que no se respetan ni las leyes ni a las personas, aparece quien pretende justificar la situación, diciendo que se vive un nuevo tiempo que no se comprende. Dicen que hoy,  la libertad está por encima de la autoridad; por lo tanto, exigirle al hombre contemporáneo que sacrifique su felicidad y su vida,  por respetar un conjunto de valores tradicionales  en los que no cree, es algo absurdo.  Y para defender esta tesis se invocan ideas  tomadas de la Modernidad liquida de Bauman, o la Civilización como Espectáculo de Vargas Llosa

Así las cosas y volviendo al mundo universitario, consideran estos defensores de las “relaciones liquidas”, que a los jóvenes de hoy  hay que enseñarle lo que les interesa,  -y entretenga- , añadiría yo. Y si el profesor los aburre con La Caverna de Platón o la Ética Nicomaquea de Aristóteles, que acepte su fracaso, por no entender, lo que decía Nietzsche en su obra  Así hablaba Zaratustra: “Pobre viejo, no se ha enterado de que Dios ha muerto”
Estas ideas “postmodernistas” me hacen pensar que debería cambiar la enseñanza de la Filosofía o Historia de las ideas jurídicas, por materias como La cultura del rock o La filosofía del Futbol, que no me desagradan y ya he preparado un borrador de programa. El problema es que, sigo siendo un hombre viejo; un hombre que, siguiendo parcialmente a Kant, cree que la libertad sin respeto no existe, porque precisamente, solo hay derechos donde la libertad de unos se armoniza con la libertad de otros, bajo la tutela de una ley universal. Lo demás son inventos para justificar el individualismo anárquico y posesivo.

Cuando regresé a mi casa después tertulia reflexiva que comenté al principio, por la tele estaba pasando la película de los hermanos Coen  No es un país para viejos. La trama se basa en la novela homónima del escritor estadounidense Cormac McCarthy: un autor seco y minimalista, que de manera cruda,  retrata las miserias del drama humano. Al final de la película, después de presentar las  aventuras o desventuras de personajes perversos y sin valores, que no se detienen ante nada por un maletín de dólares, se reúnen dos viejos policías hablando de este desastre, y uno le pregunta al otro -palabras más palabras menos-  ¿Cuándo empezó todo esto? Y El otro contestó: “Cuando los muchachos dejaron de decir, Señor y Señora”.

Creo que la idea está clara: guste o no guste, cuando el respeto pasa de moda, y ante el abuso y la desconsideración, no se dice nada,  o se ríe la gracia, se está abonando el terreno para que crezcan las hierbas de delito que destruyen la vida: la travesura del niño de hoy, es posible que se convierta en el delito del hombre del mañana.Y a quienes dice que no se puede pretender que el niño o el adolescente estén siempre atados a la tiranía de sus mayores, les repito la frase de José Luis Martin Descalzo: “Prefiero la tirana de la familia antes que la tiranía de la moda”.

En fin, arrancamos un nuevo año en medio de muchos problemas. Deseo que la situación de la gente mejore, pero esto solo se logrará si recuperamos el valor de las virtudes ciudadanas, aunque me digan que eso son cosas de viejos y, en este sentido,  pareciera que “este no es un mundo para viejos”; ustedes me entienden.


Por ahora no pienso renunciar como lo hizo el profesor uruguayo, porque como decían los griegos el tiempo es circular, y ante el posible fracaso o agotamiento de las sociedades  liquidas,  vengan nuevamente las sociedades sólidas, donde las personas sean tratadas con el respeto que se merecen. Y creo que este es un buen propósito para comenzar el año: reivindicar lo que nos hace dignos y humanos. - (twitter @zaqueoo)

lunes, 20 de noviembre de 2017

Precios justos y salarios justos en sociedades justas


El pasado viernes fui invitado por los estudiantes del grupo Generación  Ucabista a un Café Jurídico  para conversar sobre los precios justos. Tenía que compartir con los profesores Ramón Sosa y Raúl Gil, pero una disfonía aguda no me lo permitió. Como quedé en deuda,  ahora tomo el teclado para escribir sobre lo que iba a decir  en referencia al tema discutido, apoyándome en la Doctrina económica y social de la iglesia.

Metafóricamente podemos decir que el estómago de la gente está pagando por el desconocimiento e improvisación de quienes ignora la experiencia histórica y las realidades de eso que se llama el mundo de la economía. El 23 de mayo de 1931 el Papa Pio XI  publica la Encíclica Quadragesimo anno,   donde ofrece una visión orgánica del orden social, enlazándolo  con la doctrina del solidarismo cristiano. Allí, sobre el problema que agobia a la gente cuando se encuentra ante la tragedia de que su salario no le alcanza para vivir, dice que hay que considerar de manera equilibrada tres puntos: El sustento del obrero y de su familia, la situación de las empresas y la necesidad del bien común.

En primer lugar,  considera la Encíclica, que es necesario fijarle al trabajador una remuneración que alcance a cubrir el sustento suyo y el de su familia, Concluyendo en este punto que, “si esto no fuera posible, la justicia social postula que se introduzca lo más rápidamente las reformas necesarias para que se fije a todo ciudadano adulto un salario de este tipo. No está fuera de lugar hacer aquí el elogio de todos aquellos que, con muy sabio y provechoso consejo, han experimentado y probado diversos procedimientos para que la remuneración del trabajo se ajuste a las cargas familiares, de modo que aumentando estas aumente también aquel…”   El problema es que en nuestra realidad las cargas son muy grandes y los aumentos muy pequeños.

En segundo, lugar dice la Encíclica: “Para fijar la cuantía del salario deben tenerse en cuenta también las condiciones de la empresa y del empresario, pues sería injusto exigir unos salarios tan elevados que, sin la ruina propia y la consiguiente de todos los obreros la empresa no podría soportar” Esta es la otra cara de la moneda, para pagar buenos salarios las empresas tiene que estar saludables económicamente, de nada vale subir sueldos para quebrar las empresas y que empresarios y trabajadores se arruinen: aquellos pierden su inversión y estos se quedan sin trabajo.

En tercer lugar, dice que la cuantía del salario debe acomodarse el bien público económico que describe así: “hay otro punto de no menor importancia y en nuestros tiempos sumamente necesario, o sea,  que se dé la oportunidad de trabajar a quienes pueden y quieren hacerlo… ¿Quién ignora, en efecto, que se ha debido a los salarios, o demasiado bajos o excesivamente elevados, el que los obreros se hayan visto privados del trabajo? En pocas palabras, cuando no hay equilibro económico no hay trabajo para quien lo busca y quiere vivir honestamente de un salario. Y esto es lo que estamos viendo con la cantidad de venezolanos que se van buscar empleo  en otros países.

Y termina con una cita que es importante considerar y por eso la trascribo íntegramente aunque sea un poco larga: “A esto contribuye grandemente también la justa proporción  entre los salarios, con la cual se relaciona estrechamente la proporción de los precios a que se venden los diversos productos agrícolas,  industriales, etc. Si tales proporciones se guardan de una manera conveniente, los diversos ramos de la producción se complementarán y ensamblaran, aportándose, a manera de miembros, ayuda y perfección mutua. Ya que la economía social logrará un verdadero equilibrio y alcanzará sus fines, solo cuando a todos y a cada uno les fueren dados todos los bienes que las riquezas y los medios naturales, la técnica y la organización pueden aportar a la economía social; bienes que deben bastar no solo para cubrir las necesidades y un honesto bienestar, sino también para llevar a los hombres a una feliz condición de vida, que, con tal de que se lleven prudentemente las cosas, no solo no se opone a la virtud, sino que la favorecen notablemente”

Sin entrar en las profundidades de los análisis que hacen los economistas, esto fue lo que dijo la Doctrina social y económica de la iglesia en 1931 y en esto es lo que yo creo. En materia económica no hay prudencia ni equilibrio y en vez de construir espacios de cooperación y armonía, la sociedad se ha convertido en una especie de ring de boxeo, donde crece la confrontación entre adversarios, que solo piensa en vencer al otro. Entre tanto, mientas la Organización Mundial de la salud, considera que,  para una vida digna, una familia debe tener un ingreso de siete dólares al día,  en Venezuela, eso es  más o menos lo que puede ganar en un mes.


La realidad se ha definido de diferentes maneras, pero la más sencilla puede ser la que mejor ilustra nuestro problema: “Es lo que existe en el mundo independientemente de nuestros pensamientos” Y de nuestras palabras,  añadiría yo.- (twitter @zaqueoo)